Informe Especial - septiembre 2003
Presidente 'cholo' y escasa representación
Luego de una traumática guerra interna, han comenzado a extenderse signos de un creciente movimiento político indígena, cuya punta de lanza no es la mayoría andina sino los indígenas de las selvas.
Pese a que Perú tiene un Presidente de origen cholo (indígena de las montañas), la representación política de los indígenas del país (cerca de la mitad de la población) es mínima -aunque hay signos que esto puede estar comenzando a cambiar. Como en Guatemala (ver página10), el bajo nivel de participación es atribuido por muchos a los efectos de la sangrienta insurgencia de las guerrillas de Sendero Luminoso (SL) en los '80, y la igualmente sangrienta campaña de contra-insurgencia, en la cual las comunidades indígenas fueron forzadas a proveer unidades de 'autodefensa', las rondas campesinas.
La permanente y abierta exclusión es también un factor de peso. Celade, el centro latinoamericano de demografía, calcula que 79% de los indígenas de Perú vive debajo de la línea de pobreza; 50% en la pobreza extrema. Una mayoría abrumadora es rural, aunque muchos sólo tienen títulos precarios de su tierra. Luego de arrastrarse por décadas, el programa de titulación de tierra, relanzado en 1996, aún deben registrar formalmente más de 1.000 comunidades indígenas, y más de 2.000 ya registradas siguen atoradas en la burocracia. Más de 200 comunidades ni siquiera han sido reconocidas.
Revive punta de lanza amazónica
La abierta actividad política indígena reciente, fue encabezada por el pueblo Asháninka, que, con unos 65.000 miembros, es el tercer más grande grupo étnico de Perú. En términos relativos, los Asháninka son el segmento de la sociedad peruana más duramente golpeado por la insurgencia de SL: unos 6.000 fueron muertos, cerca de 5.000 capturados por las fuerzas de SL y forzados a pelear de su lado, y unos 10.000 fueron desplazados de sus territorios tradicionales. En 1980 ellos fueron la fuerza conductora en la formación de la Asociación Inter-étnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), una ONG de desarrollo de la cual surgió, en 1999, un partido político: el Movimiento Indígena de la Amazonia Peruana (MIAP). En las elecciones municipales de 2000, el MIAP obtuvo 12 alcaldías.
El proceso de descentralización que llevó a las elecciones municipales de 2002, fue testigo del surgimiento de organizaciones regionales y locales: al lado de MIAP, hubo otros cuatro triunfantes 'movimientos independientes' locales identificados como indígenas (tres de ellos en las tierras bajas y uno en las tierras altas de Cajamarca); entre los participantes hubo 12 organizaciones más, la mayoría en las montañas, cuya apelación a los votantes indígenas fue evidente en el uso hecho de nombres indígenas, principalmente Quechuas.
En octubre de 2002, representantes de un amplio sector indígena de Perú (Asháninka y Shipibo, más un número de grupos más pequeños, del Amazonas, unidos a la mayoría Quechua y Aymará), se reunieron en Andahuaylas, en el departamento de Apurímac, en el centro sur, para lanzar un nuevo partido político: Llapansuyo ('todas las regiones' en Quechua). Como señaló el diputado opositor, Michael Martínez (de la Unión Parlamentaria Descentralista), que preside el comité de asuntos indígenas del congreso: 'Esta es la primera vez que grupos indígenas se unieron para formar un partido político que les ayudará a recuperar poder, luego de haber sido marginados por cinco siglos.' Estuvieron presentes en el lanzamiento representantes del MAS, de Bolivia (ver páginas 11-12) y de Pachakutik, de Ecuador (ver páginas 4 a 7).
Pese a que Perú tiene un Presidente de origen cholo (indígena de las montañas), la representación política de los indígenas del país (cerca de la mitad de la población) es mínima -aunque hay signos que esto puede estar comenzando a cambiar. Como en Guatemala (ver página10), el bajo nivel de participación es atribuido por muchos a los efectos de la sangrienta insurgencia de las guerrillas de Sendero Luminoso (SL) en los '80, y la igualmente sangrienta campaña de contra-insurgencia, en la cual las comunidades indígenas fueron forzadas a proveer unidades de 'autodefensa', las rondas campesinas.
La permanente y abierta exclusión es también un factor de peso. Celade, el centro latinoamericano de demografía, calcula que 79% de los indígenas de Perú vive debajo de la línea de pobreza; 50% en la pobreza extrema. Una mayoría abrumadora es rural, aunque muchos sólo tienen títulos precarios de su tierra. Luego de arrastrarse por décadas, el programa de titulación de tierra, relanzado en 1996, aún deben registrar formalmente más de 1.000 comunidades indígenas, y más de 2.000 ya registradas siguen atoradas en la burocracia. Más de 200 comunidades ni siquiera han sido reconocidas.
Revive punta de lanza amazónica
La abierta actividad política indígena reciente, fue encabezada por el pueblo Asháninka, que, con unos 65.000 miembros, es el tercer más grande grupo étnico de Perú. En términos relativos, los Asháninka son el segmento de la sociedad peruana más duramente golpeado por la insurgencia de SL: unos 6.000 fueron muertos, cerca de 5.000 capturados por las fuerzas de SL y forzados a pelear de su lado, y unos 10.000 fueron desplazados de sus territorios tradicionales. En 1980 ellos fueron la fuerza conductora en la formación de la Asociación Inter-étnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), una ONG de desarrollo de la cual surgió, en 1999, un partido político: el Movimiento Indígena de la Amazonia Peruana (MIAP). En las elecciones municipales de 2000, el MIAP obtuvo 12 alcaldías.
El proceso de descentralización que llevó a las elecciones municipales de 2002, fue testigo del surgimiento de organizaciones regionales y locales: al lado de MIAP, hubo otros cuatro triunfantes 'movimientos independientes' locales identificados como indígenas (tres de ellos en las tierras bajas y uno en las tierras altas de Cajamarca); entre los participantes hubo 12 organizaciones más, la mayoría en las montañas, cuya apelación a los votantes indígenas fue evidente en el uso hecho de nombres indígenas, principalmente Quechuas.
En octubre de 2002, representantes de un amplio sector indígena de Perú (Asháninka y Shipibo, más un número de grupos más pequeños, del Amazonas, unidos a la mayoría Quechua y Aymará), se reunieron en Andahuaylas, en el departamento de Apurímac, en el centro sur, para lanzar un nuevo partido político: Llapansuyo ('todas las regiones' en Quechua). Como señaló el diputado opositor, Michael Martínez (de la Unión Parlamentaria Descentralista), que preside el comité de asuntos indígenas del congreso: 'Esta es la primera vez que grupos indígenas se unieron para formar un partido político que les ayudará a recuperar poder, luego de haber sido marginados por cinco siglos.' Estuvieron presentes en el lanzamiento representantes del MAS, de Bolivia (ver páginas 11-12) y de Pachakutik, de Ecuador (ver páginas 4 a 7).
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