Informe Especial - septiembre 2003
Indios: principal esperanza del ex dictador
Los indígenas están escasamente representados en la arena política; el impacto de la guerra interna ha producido pasividad y vulnerabilidad a la demagogia. Mientras tanto, sólo uno de cada 10 indígenas vive por encima de la línea de pobreza.
Este año, por primera vez, iba a competir un Maya por la presidencia: Rigoberto Quemé Chay, dos veces electo alcalde de Quetzaltenango, la segunda más grande ciudad del país. Era el candidato de la coalición de izquierda Alianza Nueva Nación (ANN), el Centro de Acción Social (Casa) y 14 organizaciones civiles. Pero a mediados de agosto, se retiró de la carrera, ostensiblemente debido a las disputas sobre las candidaturas dentro de la coalición. Las encuestas mostraban que atraía sólo 1,5% de las preferencias.
Irónicamente, al mismo tiempo, varios analistas informaban de un incremento en el apoyo campesino para el ex dictador militar Efraín Ríos Montt, uno de los hombres responsables de la muerte de más de 50.000 personas, la mayoría indígena, en la campaña de contrainsurgencia de los '80 -que también produjo la fuga al exterior de unos 120.000, el desplazamiento de cerca de un millón, y el reclutamiento forzoso de unos 900.000 indios en las 'patrullas de autodefensas civiles' (PAC) que cometieron muchas de las atrocidades. En áreas urbanas, Ríos Montt está en un pobre tercer lugar, o peor.
Muchos analistas han atribuido la baja participación política de los indígenas de Guatemala a los efectos posteriores de esa experiencia, combinados con la política del gobernante Frente Republicano Guatemalteco (FRG), el partido de Ríos Montt, de proveer fertilizantes a bajo costo, créditos baratos y servicios de salud a los campesinos. Evidencias anecdóticas muestran un alto grado de aprecio a eso entre los pobres rurales, que son predominantemente indígenas, aun si esos gestos han hecho poco para reducir la escala de la pobreza indígena. De la población indígena, sólo 10% se estima que vive por encima de la línea de pobreza (contra 26% de la población no indígena). Para poder sobrevivir, cada año cerca de 1m de indígenas emigran de las zonas montañosas para encontrar trabajos de estación en las granjas.
Sin avance político ( ¿aún?)
Las comunidades indígenas están escasamente representadas en la arena política. Ellas son una gran mayoría de más del 60% de la población, incluso en cálculos conservadores, pero en la cámara legislativa única, de 113 miembros hay sólo 16 representantes de extracción indígena -un hecho que usualmente se achaca a los formalismos de parte de la estructura política. Aunque vale señalar que, en términos de porcentajes, están levemente mejor representados que en Ecuador, un país con un partido indígena bastante sólido y establecido (ver páginas 4-7). Igualmente, el éxito de Quemé como alcalde de Quetzaltenango sugiere algo más que un mero formalismo.
Hay organizaciones indígenas muy críticas en Guatemala, como la Fundación Rigoberta Menchú (fruto del premio Nobel otorgado a su internacionalmente renombrada fundadora), la Coordinadora Nacional de los Pueblos Indígenas de Guatemala y la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala (que encabeza los esfuerzos para mantener vivos los muchos lenguajes indígenas del país). Estas han sido instrumentales para asegurar la aprobación de varias legislaciones pro-indígenas, como la reciente ley contra el racismo y la discriminación, pero que aún no han podido superar el trauma pos-guerra que parece haber profundizado la pasividad política a nivel de base.
Este año, por primera vez, iba a competir un Maya por la presidencia: Rigoberto Quemé Chay, dos veces electo alcalde de Quetzaltenango, la segunda más grande ciudad del país. Era el candidato de la coalición de izquierda Alianza Nueva Nación (ANN), el Centro de Acción Social (Casa) y 14 organizaciones civiles. Pero a mediados de agosto, se retiró de la carrera, ostensiblemente debido a las disputas sobre las candidaturas dentro de la coalición. Las encuestas mostraban que atraía sólo 1,5% de las preferencias.
Irónicamente, al mismo tiempo, varios analistas informaban de un incremento en el apoyo campesino para el ex dictador militar Efraín Ríos Montt, uno de los hombres responsables de la muerte de más de 50.000 personas, la mayoría indígena, en la campaña de contrainsurgencia de los '80 -que también produjo la fuga al exterior de unos 120.000, el desplazamiento de cerca de un millón, y el reclutamiento forzoso de unos 900.000 indios en las 'patrullas de autodefensas civiles' (PAC) que cometieron muchas de las atrocidades. En áreas urbanas, Ríos Montt está en un pobre tercer lugar, o peor.
Muchos analistas han atribuido la baja participación política de los indígenas de Guatemala a los efectos posteriores de esa experiencia, combinados con la política del gobernante Frente Republicano Guatemalteco (FRG), el partido de Ríos Montt, de proveer fertilizantes a bajo costo, créditos baratos y servicios de salud a los campesinos. Evidencias anecdóticas muestran un alto grado de aprecio a eso entre los pobres rurales, que son predominantemente indígenas, aun si esos gestos han hecho poco para reducir la escala de la pobreza indígena. De la población indígena, sólo 10% se estima que vive por encima de la línea de pobreza (contra 26% de la población no indígena). Para poder sobrevivir, cada año cerca de 1m de indígenas emigran de las zonas montañosas para encontrar trabajos de estación en las granjas.
Sin avance político ( ¿aún?)
Las comunidades indígenas están escasamente representadas en la arena política. Ellas son una gran mayoría de más del 60% de la población, incluso en cálculos conservadores, pero en la cámara legislativa única, de 113 miembros hay sólo 16 representantes de extracción indígena -un hecho que usualmente se achaca a los formalismos de parte de la estructura política. Aunque vale señalar que, en términos de porcentajes, están levemente mejor representados que en Ecuador, un país con un partido indígena bastante sólido y establecido (ver páginas 4-7). Igualmente, el éxito de Quemé como alcalde de Quetzaltenango sugiere algo más que un mero formalismo.
Hay organizaciones indígenas muy críticas en Guatemala, como la Fundación Rigoberta Menchú (fruto del premio Nobel otorgado a su internacionalmente renombrada fundadora), la Coordinadora Nacional de los Pueblos Indígenas de Guatemala y la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala (que encabeza los esfuerzos para mantener vivos los muchos lenguajes indígenas del país). Estas han sido instrumentales para asegurar la aprobación de varias legislaciones pro-indígenas, como la reciente ley contra el racismo y la discriminación, pero que aún no han podido superar el trauma pos-guerra que parece haber profundizado la pasividad política a nivel de base.
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