Informe Latinoamericano - 15 de noviembre de 2006
BRASIL: Lula busca alianza con el PMDB
El 6 de noviembre, el Presidente Lula da Silva dijo a sus ministros que dará más cargos en su futuro gabinete pero abarcando a todo el Partido do Movimiento Democrático Brasilero (PMDB). Siendo el partido con el mayor número de bancas (89) en la cámara baja del congreso, y con el mayor número de gobernadores electos en octubre, siete en total, el respaldo del PMDB parece ser esencial para el éxito de Lula en su segundo periodo de gobierno. Aunque es probable que la participación del PMDB en el gobierno también provea a Lula de un serio dolor de cabeza.
Los presidentes brasileños, y Lula no es la excepción, son concientes que es imposible gobernar exitosamente con el único apoyo de sus partidos. Brasil tiene un sistema notablemente fragmentado de partidos, que hace improbable que cualquier partido obtenga por sí solo la mayoría en el congreso. Esto disminuye la capacidad del ejecutivo de conseguir la aprobación del congreso, a menos que cuente con una amplia alianza compuesta de diferentes partidos políticos.
Lula lo sabe muy bien. También sabe que su primer mandato estuvo marcado por las malas relaciones con el congreso al no ser capaz de mantener contentos a todos sus aliados. El gobierno perdió gran parte de su apoyo ideológico luego que sectores de izquierda descontentos abandonaron a Lula por las fricciones con su Partido dos Trabajadores (PT). En consecuencia, el gobierno dependió más del apoyo de partidos medianos sin principios, para aprobar legislación en el congreso. Como expresó un ex líder del Partido Trabalhista Brasilero (PTB), el PT "piensa que es más fácil pagar a mercenarios que compartir el poder."
El riesgo de repetir los mismos errores
Lula dijo la semana pasada a su ministros del PT que él no desea "repetir los mismos errores" que minaron su anterior gobierno. Dijo que necesita obtener el total apoyo del PMDB para poder construir "una coalición que funcione" para garantizar la aprobación segura de legislación ante la perspectiva de un congreso más hostil. La oposición logró incrementar su representación en las elecciones legislativas de octubre y puede controlar el senado, cuando el nuevo congreso asuma en enero próximo, dificultando mucho más la tarea de Lula.
El deseo de tener a todo el PMDB de su lado, puede ser más malo que bueno. El PMDB puede describirse como una amalgama de partidos regionales, que comparten la misma nomenclatura pero tienen poca ideología en común, aparte del apoyo a la democracia. Armonizar las diferentes facciones del PMDB será difícil. Los interlocutores de Lula trataron y fracasaron en mantener unidas a todas las facciones del PMDB durante su mandato. El PMDB continúa en la administración Lula, con tres ministerios (salud, comunicaciones, y minas y energía). Aunque formalmente el partido retiró su apoyo al gobierno en la cámara baja hace dos años, luego de las quejas de gobernadores del partido que estaban "insatisfechos" con las políticas del gobierno hacia sus estados.
Los principales aliados de Lula dentro del PMDB son los senadores José Sarney y Renan Calheiros, que controlan a un grupo menor, pero profuso de políticos locales del PMDB. El presidente nacional del partido, el diputado Michel Temer, condujo a su facción a la oposición, luego de discusiones con ellos. El problema para Lula es que Sarney y Calheiros desean que su grupo sea el único canal del gobierno con el PMDB, una situación que Temer no aceptará nunca.
Entregando puestos
El balance del poder entre las facciones del PMDB en el senado y en la cámara baja, ahora está en manos de los siete gobernadores electos del partido. Cuatro de ellos parecen dispuestos a apoyar a Lula y tres preferirían que el partido se mantenga "independiente". Temer prefiere la última opción, aunque ha indicado que está "abierto a un acuerdo" con el gobierno. Dejó en claro, sin embargo, que serán los gobernadores quienes "determinarán el tipo de apoyo" que el PMDB, al menos formalmente, otorgará al gobierno. Ellos se reunirán el 17 de noviembre para discutir sus puntos de vista.
Los gobernadores del PMDB están muy concientes que gran parte de su propio éxito dependerá de tener acceso fácil a los fondos federales. Para garantizar eso, el PMDB debe ocupar importantes ministerios, con grandes presupuestos. Este parece ser el único punto de acuerdo entre los dos grupos divergentes del PMDB. Temer, como Sarney y Calheiros, tienen su agenda propia, eso significa que ellos también necesitan acceso al dinero federal para satisfacer a sus partidarios. No sorprende que interlocutores de ambas facciones ya hayan señalado que ellos no sólo desean "ministerios de calidad", sino también "control total del personal" a cambio del apoyo del PMDB en el congreso. La intención es clara: que el PMDB pueda administrar todas las agencias y compañías públicas bajo la autoridad de esos ministerios.
Al parecer, Lula no tiene alternativa, más que atraer al PMDB con posiciones en la administración federal. Aunque el creciente apetito del partido, ya comenzó a crear problemas a Lula. El primero es decidir a qué facción del PMDB destina la porción más grande de la torta. El otro, más difícil, será aplacar al PT. Lula ha caído bajo fuertes críticas de miembros de su propio partido, luego de anunciar su intención de compartir el poder con el PMDB. La dirección del PT gastó la mayor parte de los cuatro años pasados tratando de hacer a un lado al PMDB, resentida por la influencia del partido en el gobierno. No hay razón para creer que esto cambiará en los próximos cuatro años. El PT afirma que también tuvo un buen desempeño en octubre. Pese a perder poder en el senado, en la cámara baja fueron electos 83 diputados del partido, y cinco gobernadores de estados. Es de esperar que la antipatía PT-PMDB se profundice cuando los políticos del PMDB se apoderen de sus premios.
"Clientelismo"
Lula continuará con la política clientelista. La práctica es tradicional en Brasil y siempre fue condenada por el PT cuando estaba en la oposición. Al llegar al poder, sin embargo, sectores del PT cayeron en la tentación, ya sea porque no deseaban compartir el poder o porque, dicen algunos, no tenían otra opción. En todo caso, el clientelismo (en este caso, posiciones públicas a cambio de apoyo político) fue la causa de los escándalos que afectó la reputación del PT y sacudió al gobierno de Lula el año pasado. Entre octubre y diciembre de ese año, hubo serias conversaciones para enjuiciar a Lula, pues las evidencias parecían sugerir que el PT y sus aliados canalizaban fondos de empresas estatales para pagar sus deudas de campaña. Irónicamente, el escándalo se hizo público por la pelea entre el PMDB y el PTB por el control de una de esas compañías públicas, el servicio postal federal.
De acuerdo con la revista Veja, en un artículo publicado el 12 de noviembre, Lula estaba negociando "la participación del PMDB" en el gobierno, con nada menos que Jader Barbalho, ex presidente del partido. Barbalho se vio obligado a renunciar al senado en 2001 (cuando el PMDB participó en el gobierno del ahora opositor Partido da Social Democracia Brasileira) luego de ser implicado en un escándalo de corrupción en la agencia del gobierno para el desarrollo del Amazonas. Barbalho aún permanece bajo investigación policial formal.