Informe Latinoamericano - 1 de junio de 2007
BRASIL: Antagonismo entre la justicia y la policía federal
El vicepresidente de la corte suprema de Brasil, Gilmar Mendes, se quejó que la policía federal filtraba información para desmoralizar a la justicia. La queja revela el creciente antagonismo entre la policía federal y la justicia de Brasil. En verdad, no pasa un mes sin que la policía federal no descubra un escándalo de corrupción en los altos escalones del gobierno y, a veces, en la justicia. Mientras tanto, los jueces de la corte suprema han estado aplicando las leyes más indulgentes del país a culpables de corrupción y absuelven a varios sospechosos.
Mendes sostiene que es una "campaña de marketing" para socavar a la justicia de Brasil. Como evidencia menciona que la policía filtró a la prensa el nombre de un homónimo, para vincularlo con el último escándalo de corrupción que agita a Brasil (ver página 7). Mendes dijo que fue en "venganza" porque él ordenó la libertad de varios de los 46 sospechosos arrestados la semana pasada en conexión con el último escándalo. Además, los jueces ordenaron esta semana la libertad de todos los sospechosos, pese a las evidencias y el hecho que muchos de ellos no se prestaron al interrogatorio de la policía cuando estaban bajo custodia.
Varios políticos cercanos al gobierno han estado implicados en el escándalo. El consejo político del Presidente Lula da Silva, formado por los líderes de los partidos que forman su coalición y asesores jurídicos, cree que la policía federal debe mantener en secreto los nombres de sospechosos y arrestarlos sólo cuando se pruebe su participación en el delito. Esa parece también ser la opinión de la Orden de Abogados Brasileños y de la corte suprema, que juzga a legisladores, ministros, jueces y otros funcionarios con derechos especiales de proceso bajo la constitución corporativista de Brasil.
Sin embargo, los críticos del manejo de la policía federal de las investigaciones, parecen olvidar que sólo pueden arrestar a las personas con una orden judicial previa, a menos que sean halladas en flagrante. Significa que los 46 arrestados para ser interrogados sobre el escándalo de corrupción tenían orden de prisión aprobada por un juez, luego que la policía presentó un fuerte caso contra ellos, fruto de sus investigaciones. La policía no puede arrestar a ningún político en funciones, como legisladores, gobernadores, o ministros, para ser interrogados, debido a su status legal especial.
Lula ordenó a su ministro de justicia, Tarso Genro, que abra una investigación para determinar si la policía federal cometió "excesos" en su última operación, al arrestar a sospechosos sin evidencia y luego filtrando información que incrimina para hacerlos aparecer culpables. Genro dijo a los periodistas que pudo haber excesos, pero fue firme en decir que la policía federal cumplía bien su tarea. El propio Genro fue una vez implicado en un escándalo de finanzas de campaña en su natal Río Grande do Sul. No se encontró evidencias en su contra. Pese a que su reputación estaba en juego, Genro no se quejó de la policía. Eso lo lleva a decir que los inocentes no deben temer. Para muchos brasileños, los políticos nunca deben preocuparse porque nunca son llevados a juicio.
Lo notable en la orden de Lula Genro es que sugiere que la tarea de la policía federal crea problemas a la elite política, muy indulgente hacia la corrupción. En los cinco años pasados, Brasil sufrió varios escándalos de corrupción, lo que revela que la policía federal cumple bien su tarea de investigación. Sin embargo, pocos de los implicados van a la cárcel. Está por verse si este último escándalo hará que la elite política, y aun más la justicia del país, inicie un proceso igual al Mani Puliti en Italia para castigar la corrupción en la política.