Informe Latinoamericano - 14 de diciembre de 2007 (ISSN 1741-7317)
ECUADOR: Correa redefine significado de plenos poderes
El Presidente Rafael Correa fue claro desde el momento que concibió la idea de una asamblea constituyente que esta debía ejercer plenos poderes para reorganizar las instituciones de Ecuador y disolver el congreso. Al parecer los plenos poderes de la asamblea venían con una condición: no incluía el control sobre la rama ejecutiva. El 9 de diciembre, Correa amenazó con su renuncia luego que la asamblea ordenó una investigación sobre la alegada represión militar en la provincia de Orellana, rica en petróleo.
Correa estaba decidido a afirmar su autoridad sobre los eventos apenas surgieron las protestas en el pequeño pueblo de Dayuma, en Orellana. Declaró el estado de emergencia en la provincia y ordenó a los militares el arresto de "saboteadores antipatrióticos" que costaron al estado unos US$5m en pérdidas en la producción de petróleo al tomar el control de varias instalaciones petroleras y bloqueando las rutas de acceso [IL-07-48]. Los habitantes y grupos de derechos humanos acusaron a los militares de irrumpir en las casa y golpear a mujeres y niños y arrestar a 23 hombres. Arrestaron a la gobernadora provincial Guadalupe Llori fue arrestada y llevada a una prisión en Quito por "fomentar" las protestas.
El presidente de la asamblea, Alberto Acosta, prometió hablar con Correa para urgir al gobierno que acelere los procedimientos judiciales contra los arrestados bajo cargos de sabotaje y terrorismo, y para que libere a los inocentes. Correa se puso furioso. Afirmó que el comportamiento de las tropas había sido ejemplar, y que el interpretaría el establecimiento por la asamblea de una comisión para investigar el manejo de mano dura de los militares, como una "puñalada por la espalda". Agregó que no tenía la intención de cogobernar con la asamblea y que renunciaría si persistía con su propuesta.
Correa argumentó, con cierta justificación, que la asamblea debía dedicar más tiempo a elaborar la constitución en vez de ir más allá de sus funciones, pero eso se podría decir por su decisión de disolver el congreso a solicitud de Correa. Los escarmentados delegados del bloque pro-gobierno, Alianza País (AP), se echaron atrás. Emitieron una hábilmente redactada resolución diciendo que cuando la asamblea logre establecer una comisión legislativa para reemplazar al congreso, se reservaría el derecho de abordar cuestiones políticas, sociales o económicas en circunstancias "excepcionales" y "toda vez que ellas no constituyan atribuciones específicas de otras instituciones." En otras palabras, es improbable que el gobierno tenga que rendir cuentas de sus acciones.
Delegados de la oposición, que forman una pequeña minoría en la asamblea, se burlaron de la AP por el público regaño, pero también preocupados por los arrogantes poderes de Correa ante la ausencia de un congreso y los reducidos poderes plenipotenciarios de la asamblea. Gilmar Gutiérrez, líder del segundo mayor bloque en la asamblea, Partido Sociedad Patriótica (PSP), insistió que la asamblea debe probar la alegada represión militar, mientras Alvaro Noboa, el presidente del Prian, prefirió reprochar a los delegados de la AP por responder ante el presidente en vez de ante el pueblo que los eligió.
Acosta se quedó muy callado luego del arrebato de Correa. Los delegados de AP acusan a la oposición de complotar para desestabilizar el país. Fernando Cordero, vicepresidente de la asamblea, dijo que los delegados no discutieron una oferta de amnistía a los arrestados en Dayuma, como Correa sostuvo. Ya aplacado, Correa hizo una concesión a la asamblea el 11 de diciembre, luego de reunirse cuatro horas con grupos de derechos humanos: levantar el estado de emergencia en Orellana. Incluso ofreció formar una comisión para investigar las protestas.
- Escobas nuevas
Mientras la disputa con la asamblea constituyente se desenvolvía, el Presidente Correa decidió designar a Ricardo Patiño como ministro para la coordinación de políticas. Patiño es el "ministro de crisis" de Correa. Previamente fue ministro para asuntos costeros, para actuar como contrapeso de Jaime Nebot, el alcalde Guayaquil y principal oponente político de Correa. Por separado, Correa designó a una nueva canciller, María Isabel Salvador, en reemplazo de María Fernanda Espinosa, que renunció por razones de salud y ante las críticas de Correa que Ecuador requería más "diplomacia revolucionaria". Previamente, Salvador fue ministra de turismo.