Informe Latinoamericano - 1 de Abril de 2010 (ISSN 1741-7317)

COLOMBIA: Las Farc liberan a su más antiguo rehén

Países Andinos 01 April 2010 Modified: 01 April 2010 143 views

El 30 de marzo, el Sargento Pablo Emilio Moncayo fue liberado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). Moncayo, de 32 años, habí­a pasado más de 12 años en cautiverio. Dí­as antes fue liberado otro soldado, Josué Daniel Calvo, que habí­a sido retenido por 11 meses. La senadora Piedad Córdoba, la principal mediadora con las Farc y miembro del grupo incluida la Cruz Roja, que viajó a una ubicación preestablecida, en helicópteros de la fuerza aérea brasileña para recoger a Moncayo, leyó una declaración de las Farc, dejando en claro que no habrí­a más liberación unilateral de rehenes. Las Farc dijeron que ahora correspondí­a al gobierno discutir un 'intercambio humanitario' bajo el cual liberarí­an a los rehenes restantes a cambio de miembros de las Farc prisioneros del gobierno colombiano.

Gustavo, el padre de Moncayo, conocido como el 'caminante por la paz' por su incansable recorrida a lo largo de Colombia y en el exterior para atraer la atención sobre la difí­cil situación de los rehenes de las Farc, se reunió con su hijo en el aeropuerto en Florencia, la capital del departamento sureño de Caquetá. Córdoba entonces leyó una declaración de las Farc emitiendo un llamado a “todos los paí­ses interesados en una solución polí­tica al conflicto social y armado de Colombia [...] para unir fuerzas y enfocar sus concéntricos esfuerzos hacia el logro de un canje de prisioneros de guerra." Se piensa que las Farc retienen a otros 22 policí­as y soldados, mientras que unos 500 guerrilleros de las Farc están en prisión.

El Presidente Alvaro Uribe celebró la liberación de Moncayo. Dijo que la “persistencia y la firmeza" fueron cruciales en “derrotar a los secuestradores". No descartó un 'intercambio humanitario', que él dijo que era viable toda vez que los prisioneros liberados de las Farc no retornen a las “ví­as criminales". En teorí­a, hace tiempo que está dispuesto a un intercambio, pero en la práctica las insalvables precondiciones de ambas partes han frustrado siempre el progreso hacia un intercambio. El ahora podrí­a considerar su enorme capital polí­tico antes de dejar el poder en agosto para asegurar un legado pacifista, especialmente si él es sucedido por un Uribista, como el favorito  presidencial, Juan Manuel Santos, lí­der del Partido de la U.

Varios candidatos presidenciales han tomado una posición sobre un posible 'intercambio humanitario'. La más interesante fue la candidata por el Partido Conservador (PC), Noemí­ Saní­n, que dijo que ella confiaba absolutamente en el buen juicio de Uribe sobre la materia. Saní­n es probable que se vuelva crecientemente obsequiosa hacia Uribe para tratar de convencerle a los más de 1m de miembros del PC que votaron por su derrotado rival en las primarias del partido antes en este mes, Andrés Felipe Arias, apodado 'Uribito', que ella preservará las polí­ticas de 'seguridad democrática' de Uribe.

En una entrevista con el diario nacional El Tiempo, esta semana, Arias deliberadamente no avaló a Saní­n. El aludió al enorme desafí­o que ella afronta para impedir una “corrida" de diferentes sectores del PC hacia Santos. Dijo que esas deserciones no podrí­an ser frenadas con la “disciplina para perros" impuesta por el partido en los últimos 50 años, sino “conquistando corazones". Dijo que permanecerí­a leal al PC pero dejó completamente en manos de sus seguidores decidir por quién votar. Sin embargo dejó pocas dudas sobre hacia donde se inclinaban sus simpatí­as, dirigiendo a sus partidarios hacia Santos, “mi amigo y mi compañero en el gobierno, que tiene toda la capacidad y la aptitud para liderar Colombia." Mientras, Santos dijo que el público debí­a tener en mente cuando votan quien ha estado en el “bus de la seguridad democrática" desde el comienzo y quien trató de saltar al mismo mucho más tarde: una clara referencia a Saní­n.

Santos claramente querrí­a concretar una alianza con el PC, o al menos con una poderosa facción interna, para ayudar a asegurar la victoria en las elecciones presidenciales de mayo y llegar a tener una mayorí­a en el congreso. No le gustarí­a estar en deuda con el Partido de Integración Nacional (PIN), que ganó cerca de 1m de votos en las elecciones legislativas y tendrá ocho bancas en el senado: el PIN, compuesto primariamente por familiares de polí­ticos convictos por sus lazos con los paramilitares, es indudablemente el “patito feo" de la polí­tica colombiana.

Santos tuvo que distanciarse él mismo del PIN luego de haber designado como asesor a Rodrigo Rivera, un prominente polí­tico Uribista, al que el PIN se ha acercado para que sea su candidato presidencial. Santos llegó tan lejos como decir que él preferí­a perder las elecciones que buscar el apoyo del PIN. Samuel Arrieta, el presidente del PIN, respondió bruscamente que, de todos modos, el PIN nunca habí­a prometido apoyar a Santos. El dijo que podí­a alentar a sus partidarios que depositen votos en blanco pues “no hay nadie que genuinamente mantenga la bandera de la 'seguridad democrática'". Dirigiéndose directamente a los otros partidos, agregó: “Quien esté sin pecado, que arroje la primera piedra."

Arrieta tiene algo de razón. Los llamados “herederos de los parapolí­ticos" obtuvieron 23 de las 102 bancas del senado, de acuerdo con León Valencia, el director de la ONG, Corporación Nuevo Arco iris, que otorgó una larga entrevista a El Tiempo resta semana. Valencia dijo que, mientras que el PIN habí­a ganado ocho bancas en el senado, ocho “herederos de parapolí­ticos" también habí­an ganado bancas en el senado para el Partido de la U, como también cinco que competí­an por el PC y otros dos (ver abajo).

  • Parapolí­tica
    León Valencia, director de la ONG, Corporación Nuevo Arco iris, refutó un argumento planteado por el Presidente Uribe, que los senadores del PIN no debí­an ser estigmatizados solamente porque ellos eran familiares de polí­ticos convictos por sus lazos con los paramilitares. Valencia dijo que los recursos económicos que hicieron ganar sus bancas a los senadores del PIN, provino del tráfico de drogas, y por tanto ellos eran “familiares en el delito y no sólo familiares en el nombre".