Informe Latinoamericano - 15 de Julio de 2010 (ISSN 1741-7317)

BRASIL: Diplomacia ambigua socava la posición de Brasil

Brasil y Cono Sur 16 July 2010 Modified: 30 July 2010 105 views

Los amistosos intercambios del Presidente Lula da Silva a inicios de este mes, con Teodoro Obiang Mbasogo, que ha gobernado Guinea Ecuatorial con puño de hierro por más de tres décadas -en momentos cuando el gobierno cubano acepta un acuerdo negociado por España y la Iglesia Católica Romana de Cuba para liberar a prisioneros polí­ticos- destaca la desconcertante ambigüedad en la actual polí­tica exterior de Brasil. Esa ambigüedad está socavando la posición de Brasil en la arena global y, de manera significativa, la reputación del ministerio de relaciones exteriores del paí­s, Itamaraty, de competencia y profesionalismo.

Mbasogo, a quien Lula visitó en Guinea Ecuatorial, es el, octavo dictador africano con el cual Lula ha tenido amistosos intercambios desde que llegó al poder en 2003. Durante la visita, Lula no solamente se abstuvo de plantear las preocupaciones acerca de la violación de los derechos humanos por el régimen de Mbasogo, que es considerado uno de los dictadores más implacables en Africa por las ONG de derechos humanos sino que, irónicamente, firmó una declaración elogiando a Guinea Ecuatorial por su “adhesión a los principios de la democracia y el respeto por los derechos humanos." Llamativamente, no se permitió a los periodistas hacer preguntas en la conferencia de prensa conjunta convocada por Lula y Mbasogo.

El canciller de Brasil, Celso Amorim, intentó explicar la visita afirmando que “negocios son negocios," desechando las crí­ticas sobre la visita de Lula a otro dictador calificándolas de “sermones morales." Pero el diario O Estado de São Paulo señaló que la palabra “negocios" estaba mal usada por Amorim, pues Guinea Ecuatorial disfruta de un continuo superávit comercial con Brasil -de más de US$200m anuales. De esa manera, concluye el diario, los negocios son buenos solamente para Mbasogo, que se ha convertido en el octavo más rico gobernante del mundo, de acuerdo con la revista Forbes, mientras más del 60% de la población de Guinea Ecuatorial vive debajo de la lí­nea de la pobreza.

Precio polí­tico
La decisión de Lula de reunirse con dictadores y otros lí­deres inescrupulosos sigue una polí­tica exterior ideológica, prevista por Samuel Pinheiro Guimarães, que sirvió como secretario general de Itamaraty bajo Lula hasta asumir el secretario para asuntos estratégicos el año pasado, y asesor especial de Lula para asuntos internacionales, Marco Aurélio Garcí­a. La idea detrás de esa polí­tica es la de convertir a Brasil en un vocero para los oprimidos del planeta -ofreciendo un contrapeso para las naciones ricas- mientras incrementaba al mismo tiempo los lazos comerciales con paí­ses emergentes.
 Con el fin de lograr eso, Brasil ha abierto 68 representaciones diplomáticas desde 2003, en su mayorí­a en paí­ses pequeños que tienen globalmente poca relevancia polí­tica y económica. Actualmente, Brasil tiene embajadas en 133 paí­ses. Varios ex diplomáticos brasileños no están impresionados por ese dato. Uno, José Botafogo Gonçalves, dijo que “el éxito de una polí­tica exterior no se basa en el número de embajadas. Eso es un desperdicio de recursos humanos y financieros, si el criterio [para abrir puestos] no es riguroso."

El ex embajador brasileño en Washington, Rubens Barbosa, dijo a la revista Veja que “El incremento en el número de embajadas sigue las principales prioridades diplomáticas [de la administración Lula]. Una es impulsar las relaciones con las llamadas naciones emergentes, en detrimento de las relaciones con las naciones desarrolladas. La otra es el deseo de ganar un sitio permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas." El ex secretario general de Itamaraty, Luiz Felipe Lampreia, dijo: “Una representación diplomática crea muchas expectativas para los paí­ses pequeños, no menos la ayuda financiera. Pero Brasil no siempre puede ser generoso."

De todos modos, Lula ha aceptado pagar un precio polí­tico por la polí­tica exterior de Brasil, absteniéndose de criticar a dictadores y lí­deres inescrupulosos. Los diplomáticos brasileños defienden esa posición afirmando que el nuevo enfoque de la diplomacia del paí­s no permite la “interferencia en los asuntos internos" de un paí­s socio. En el nombre de la no-interferencia en asuntos internos, Lula notoriamente no ha planteado el tema de los prisioneros polí­ticos en Cuba con los gobernantes del paí­s, los hermanos Castro, cuando él visitó la isla en febrero [IL-10-09]. “Tenemos que respetar la determinación del gobierno cubano. Cada paí­s tiene el derecho de decidir qué es lo mejor para sí­ mismo. Yo no me inmiscuiré en los asuntos de otro paí­s, especialmente de un paí­s amigo," declaró Lula entonces.

Sin embargo, hubiera sido perfectamente posible defender los derechos humanos y presionar para que Cuba libere a los prisioneros polí­ticos, si romper las relaciones con el gobierno cubano o “interfiriendo en sus asuntos internos." Eso fue demostrado por el gobierno de España, que junto con la Iglesia Católica Romana, negoció la semana pasada un acuerdo con el gobierno cubano para liberar a 52 prisioneros polí­ticos [IL-10-27] -los primeros siete de ellos llegaron a Madrid con sus familias el 13 de julio -y así­ persuadieron al periodista disidente de Cuba, Guillermo Fariñas, para poner fin a su larga huelga de hambre.

Ese evento ha provocado una reacción global -y aún así­, Brasil no ha podido reclamar ningún crédito, pese a las manifestaciones de Garcí­a y Amorim afirmando que Brasil trabajó “discretamente detrás del escenario" para liberar a los prisioneros polí­ticos. En febrero, Itamaraty rehusó aceptar una carta de los disidentes cubanos pidiendo a Lula que interfiera en favor de Orlando Zapata, que habí­a estado en huelga de hambre antes de Fariñas. Zapata falleció el 23 de febrero, seis horas antes que el avión de Lula aterrizara en La Habana, donde Lula hizo una desafortunada declaración comparando a los prisioneros polí­ticos con criminales comunes.

Ambigüedad
Itamaraty, bajo Lula, no practica su propia polí­tica cuando ocurrió el derrocamiento del ex presidente de Honduras, Manuel Zelaya, el año pasado. Se podrí­a haber interpretado que Brasil interfirió significativamente en los asuntos internos de Honduras cuando Itamaraty consintió que Zelaya se quede en la embajada brasileña en Tegucigalpa, permitiéndole buscar su retorno al poder desde su base ahí­ por casi cinco meses.

La administración Lula aún no ha reconocido las últimas elecciones presidenciales en Honduras, en las cuales el candidato opositor Porfirio Lobo fue electo, sobre la base que las mismas fueron realizadas “por un gobierno golpista". Pero esa posición de principios parece algo incongruente junto con sus afirmaciones que Guinea Ecuatorial respeta los derechos democráticos y que, en todo caso, los lazos se justifican porque “negocios son negocios". Mientras Amorim pedí­a que EU imponga sanciones sobre Honduras, protestaba contra EU por seguir con sus sanciones contra Irán. El reciente intento de Brasil de mediar con Irán con relación a sus ambiciones nucleares [IL-10-20] provocó un altercado con EU, cuya Secretaria de Estado, Hillary Clinton, casi llega a describir a Brasil como neófito en diplomacia.

Los reales resultados de la polí­tica exterior de Lula han sido dudosos, tanto comercial como polí­ticamente. Aunque el peso económico de Brasil indudablemente se ha acrecentado, al mismo tiempo ha sufrido varias derrotas en las organizaciones internacionales, como en la Organización del Comercio Mundial (OCM) y en la ONU, a pesar de, o quizá debido a la idiosincrásica polí­tica exterior de Lula. Dejando de lado algunas de las ambigüedades de su polí­tica exterior, no menos el fracaso para asumir una posición más resuelta para defender la democracia y los derechos humanos, es probable que sea crucial para las ambiciones de Brasil de ser un actor clave en la escena mundial.

  • Sin lugar para Lula

El Presidente Lula da Silva, desechó los rumores en el sentido que él buscarí­a convertirse en secretario general de las Naciones Unidas, diciendo que el cargo “no es para un polí­tico." Aunque la razón podrí­a ser que su popularidad internacional parece estar cayendo en meses recientes. Las crí­ticas sobre su polí­tica exterior han jugado una parte clave en su decisión de no asistir al encuentro final de la Copa Mundial en Johannesburgo, pese al hecho que Brasil será el paí­s anfitrión del próximo evento en 2014. Otra razón fue el retraso en las mejoras de infraestructura prometidas por su gobierno en su esfuerzo por ser sede del torneo [IL-10-26].