Informe Latinoamericano - 15 Julio 2011 (ISSN 1741-7317)
BRASIL: Cócteles con Dilma
La Presidenta Dilma Rousseff brindó esta semana con sus ministros y aliados de la coalición en una recepción celebrada en el palacio presidencial Alvorada para marcar los seis meses en el poder para el nuevo gobierno. Rousseff avanzó para calmar las recientes riñas en la coalición, esperando tranquilizar a sus seguidores antes de salir para su receso legislativo de dos semanas.
Las opiniones en Brasil parecen muy divididas sobre el desempeño de la nueva Presidenta hasta la fecha. La importante prensa conservadora abiertamente adora a esta ex radical guerrillera de izquierda, elogiando su tecnocrático y firme enfoque igual al empresarial para manejar el país (en contraste con su habitual ataque sobre su predecesor y mentor Lula da Silva [2002-2010]), aunque aún así el humor político en Brasília es más inestable y en algunos casos incluso amargo.
Mientras estos seis meses pasados han sido una empinada curva de aprendizaje para la presidenta –comenzando con las grandes inundaciones en Río y terminando con la segunda crisis ministerial en igual cantidad de meses con costosas batallas sobre la represa de Belo Monte, el código forestal y entre medio el secreto oficial de documentos de estado– es también el caso que Rousseff ha ganado importantes batallas que más importan para el ejecutivo, notablemente un acuerdo de compromiso sobre el salario mínimo y un corte del presupuesto de US$30bn. Aunque su administración parece necesitar unas pocas lecciones de relaciones públicas. La mayoría de los anuncios de política social de Rousseff –y hubo varios, incluidos medicamentos selectivos gratis, mejoras en la salud de la mujer, una promesa para erradicar la pobreza extrema y más cambios al plan de educación nacional– han sido ensombrecidos por los chanchullos políticos en el congreso. Y a diferencia de Lula, que lograba obtener crédito de todo y ninguna culpa por nada, el estilo de Rousseff de meter las manos la pone a ella en el centro de cada crisis.
Se puede decir que la mayoría de las dificultades de Rousseff hasta la fecha han sido un legado de la manera que Lula condujo su administración de ocho años. Al mantenerse con su prolongada experiencia sindical, él trató con políticos de la coalición en el teje y maneje detrás de la escena, con un más afianzado y ya cálido sistema clientelista. Rousseff desea barrer con ese sistema.
La presidenta está aprovechando cualquier ventaja de cada crisis ministerial para surgir limpia, en un valiente esfuerzo por sacar a Brasília de la política del cuarto trasero para llevarla a la de43l siglo 21. Un comentarista adulador en el diario O Estado de São Paulo elogió su preocupación “con el estado, ella tiene valores de nacionalismo y democracia que difiere de las de sus aliados [...] Dilma conducirá su gobierno centrado en la idea de ‘Brasil el Estado’ y no ‘Brasil, una oportunidad para políticos’.
Algunos politólogos sugieren que Rousseff puede prestar de su vecino Chile, donde en los 20 años de gobiernos de la alianza de centro-izquierda de la Concertación, el gobierno estaba lleno de tecnócratas bien educado, de mentalidad seria y en gran medida apolíticos que intentaban modernizar el Estado Chileno. Eso probó ser bastante exitoso pero al final del día los políticos volvieron para morder, en la medida que el electorado comenzó a sentirse desconectado del aparato del gobierno y exigía más representación política y responsabilidad, y una más equitativa porción del milagro económico de Chile.
Igualmente, los esfuerzos de Rousseff (en el más vasto y complejo Brasil) son costosos políticamente, y corre el riesgo de afectar la agenda del gobierno, con algunas propuestas clave, incluida una reforma fiscal orientada hacia las empresas, está frenada en el congreso. A pesar de su envidiable mayoría legislativa, el gobierno tendrá que trabajar para guiar su presupuesto 2012 a través del congreso antes que llegue el receso (18 de julio-1 de agosto) y Rousseff probablemente tendrá que ceder a más demandas para liberar fondos a cambio. Rousseff que ha insinuado recientemente tener ambiciones para un segundo mandato, deberá elegir cuidadosamente sus batallas. Si piensa en serio en la reelección en 2014 y la economía declina, ella podría tener que aceptar y volver al viejo orden de nuevo, simplemente para mantener en movimiento los proyectos de su gobierno.
- Nuevas palancas políticas
Los esfuerzos por conducir la economía a un suave aterrizaje están probando ser difíciles y complicados, en medio de la dura combinación de una moneda recalentada y una inflación impulsada por los salarios. Con el Real fijado a una incómoda altura de R$1,57/US$1, y la inflación anual de junio aún por encima de la meta techo de 6,5%, el banco central de nuevo elevó los requerimientos selectos de reserva (en bancos con posiciones cortas en dólar). El banco ha intervenido fuertemente, comprando dólares e un esfuerzo por debilitar el Real, y el ministerio de finanzas ha insinuado una extensión del impuesto sobre las transacciones financieras para compras en el extranjero de moneda local para contratos a futuro. Sin embargo, gran parte del problema es externo, en la forma de un dólar débil y bajas tasas internacionales de interés.