Informe Latinoamericano – 15 de noviembre de 2012 (ISSN 1741-7317) (IL-12-45)
ARGENTINA: Macri se mete al subte
Millones de argentinos quieren una alternativa a la administración de de la Presidenta Cristina Fernández –o, al menos ver algunos cambios serios en la misma– como lo han demostrado las masivas marchas a través del país a fines de la semana pasada. Sin embargo, como numerosos miembros de la oposición política lo señalaron, el llamado ‘Cacerolazo 8N’ (demostraciones golpeando cacerolas y ollas) también incluye un mensaje para la misma oposición, pidiendo implícitamente a sus líderes que dejen de lado sus intereses personales y conflictos se unan para representar sus demandas. Esta semana, el opositor alcalde la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri de Propuesta Republicana (PRO), efectivamente lideró su primera carga en la batalla por convertirse en el principal líder del movimiento opositor, anunciando que le pondría fin a su batalla con el gobierno federal sobre la administración de la red de trenes subterráneos (el subte) y la pondría bajo el control de la ciudad desde enero del 2013.
La decisión representa un repentino giro de 180° en un prolongado tire y afloje que se inició en enero de este año, cuando el gobierno federal anunció que entregaría el control del sistema a la administración local –pero sin los fondos necesarios para subsidiar las tarifas de los boletos o invertir en las largamente necesitadas tareas de mantenimiento y actualización del sistema. Sin embargo, después de la tragedia ferroviaria de febrero en la estación de Once (en la ciudad de Buenos Aires), Macri dijo que él no pondría en riesgo la vida de los pasajeros y anunció que no tomaría el control del actual sistema sin el compromiso del gobierno federal de llevar adelante las actualizaciones pendientes en el sistema [IL-12-09]. Esta semana, él se echó atrás de nuevo, diciendo que había decidido “dejar de denunciar que existen problemas, y comenzar a buscar una solución”. Efectivamente, pateó de nuevo la pelota al campo de Fernández.
En primer lugar, Macri ya no puede ser acusado de evadir la responsabilidad; al decir que estaba asumiendo el control del sistema porque “Hemos llegado a la conclusión de que si no nos hacemos cargo de la operación del subte en estas condiciones, lo que va a venir en adelante será mucho peor”, él está forzando al gobierno federal del Frente para la Victoria (FPV) a ponerse a la defensiva. Macri necesita enviar un proyecto de ley a la legislatura local para poder asumir el control del sistema; él no tiene la mayoría y necesita el apoyo de la oposición que incluye al FPV.
El proyecto de ley, cuyo contenido aún no ha sido completamente revelado, es probable que contenga detalles relacionados con asegurar los préstamos internacionales para los trabajos de actualización del sistema. Y la ciudad debe tener la aprobación de Fernández para asumir la deuda. Macri efectivamente cedió que en la batalla con el gobierno nacional en esa batalla, ya no exige que este lleve adelante las obras y tareas retrasadas, sino que pidió en cambio su apoyo para asegurar los préstamos. Si el FPV se opone, Macri podría alegar una vez más que la administración nacional está discriminando contra los Porteños debido a que ellos no votaron por el candidato del FPV a alcaldía en la elección del 2011. Si Macri obtiene el sistema con los fondos, él podrá usar su administración como un trampolín para sus ambiciones presidenciales en el 2015. Si el FPV rechaza la propuesta, él logrará una victoria política, electoralmente valiosa. Para él, puede darse una situación en la que tiene las de ganar o ganar.
Sin entrar a considerar la estrategia política de Macri, los usuarios están completamente aterrorizados de la posibilidad de otro incremento en los precios de los boletos. En medio de la riña con la administración federal, Macri habia dicho que si él tenía que pagar la factura por las tareas de actualización, los boletos tendrían que costar AR$5,50 (US$1,14), más de dos veces el costo actual de AR$2,50 –cuando Macri aceptó por primera vez manejar el sistema el pasado enero, los boletos costaban AR$1,10. Esa suba inicial provocó un éxodo de usuarios del subte al sistema de buses (que cuesta AR$2), por lo tanto, si fuese necesario un nuevo incremento en los precios, Macri también tendría que incrementar las tarifas de los autobuses, y los costos de los peajes en las carreteras para disuadir el uso de más autos en una ya altamente congestionada ciudad. Una vez más, Macri ha asumido una gran apuesta. Si le dará resultado o no se presta a que cada uno adivine.