Informe Latinoamericano – 21 de marzo de 2014 (ISSN 1741-7317) (IL-14-11)
CHILE: Muñoz sugiere la unión Mercosur-Alianza del Pacífico
El experimentado nuevo canciller de Chile, Heraldo Muñoz, ha dado a conocer la nueva dirección de la política exterior de su país, incluyendo una llamativa propuesta para fusionar el alicaído Mercado Común del Sur (Mercosur) y la floreciente Alianza del Pacífico.
El primer viaje al extranjero de la Presidenta Michelle Bachelet será a Argentina y Brasil. Muñoz alegó en un artículo escrito para el diario español, El País, el 13 de marzo, que Chile priorizaría sus relaciones con la región, “especialmente América del Sur”, y que su objetivo en política exterior era “convergencia en la diversidad” que, dice él, “combina el realismo con la voluntad política de avanzar hacia una región más integrada y autónoma”.
Durante una conferencia organizada el 12 de marzo por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la ONU (Cepal), Bachelet dijo que Chile había “perdido presencia regional” bajo su predecesor Sebastián Piñera (2010-2014). Muñoz desarrolló esto en su artículo en El País, alegando que Chile emprendería un cambio en la política exterior alejándose de la política de “privilegiar las relaciones económicas –que permanecerán importantes para el país– hacia una perspectiva integral que otorgue un peso similar a las dimensiones políticas, sociales, y culturales de nuestros lazos”.
Muñoz dijo que Chile no tendría “sesgo ideológico”. Bachelet difiere notoriamente de Piñera en su respuesta a las protestas desarrolladas en Venezuela. “Nosotros nunca aceptaremos que alguien, persona, o país, provoque a través de mecanismos violentos el derrocamiento de un presidente electo legítimamente”, Bachelet dijo en una entrevista con el diario nacional, El Mercurio, el 16 de marzo. Chile, Muñoz alegó, quiere “construir puentes por encima y por debajo de las diferencias ideológicas o subregionales”, agregando que “los proyectos subregionales podrían construir bloques para una integración latinoamericana mayor y más inclusiva”.
Muñoz también alegó que los movimientos de integración en América Latina y el Caribe han proliferado “para detrimento de su influencia en un mundo organizado en bloques regionales”, y que ellos “carecen de convergencia y coordinación”. Él dijo que Chile fortalecería su presencia en los distintos mecanismos de integración de la región (los críticos podrían alegar que Chile está dispuesto a ingresar a todos los clubes de integración sin estar realmente totalmente comprometido con ninguno de ellos, habiendo sido un miembro asociado del Mercosur desde 1996, y un miembro asociado de la Comunidad Andina [CAN] desde el 2006 después de haber sido un miembro pleno del original Pacto Andino durante 1969-1976).
Muñoz siguió para proponer que “nosotros deberíamos discutir la posibilidad de una convergencia de la Alianza del Pacífico y el Mercosur”, sugiriendo la aplicación “del concepto de la Unión Europea (UE) de ‘diferentes velocidades’, lo que permitiría a algunos países […] avanzar más rápidamente que otros en el proceso de integración”. Teniendo en cuenta las enormes dificultades que el Mercosur está experimentando para consolidar una integración de bona fide, esas ‘velocidades’ podrían en verdad ser muy diferentes.
Debe ser un punto discutible si el gran diseño de Muñoz termina saliendo de la mesa de diseño, o si Múñoz se convertirá en el último de una larga línea de diplomáticos pasados y presentes, que se remontan hasta Simón Bolívar, quienes han soñado con un movimiento de integración global en la región. Por otro lado, ¿no es esto precisamente lo que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) pretende ser?