Informe Latinoamericano – 25 de julio de 2014 (ISSN 1741-7317) (IL-14-29)
ARGENTINA: Default –¿una mala noticia para Scioli?
Aunque un acuerdo de último minuto todavía es una posibilidad remota, el balance de las probabilidades esta semana ha sido que como resultado de su disputa con sus acreedores ‘holdout’, en gran medida basados en EU, Argentina entraría en su segundo default de su deuda externa en 12 años el 30 de julio. Esto podría alterar los cálculos políticos en torno a las elecciones presidenciales del 2015.
En cierto nivel, el default podría no tener muchas repercusiones. Ya que Argentina ha sido en gran medida excluida de los mercados internacionales de capital por años, no se producirá un cambio súbito. Los analistas ampliamente coinciden en que los efectos de ‘contagio’ serán limitados, y que el principal riesgo para Argentina será una profundización de su actual recesión y –quizá algunos meses por delante– un incrementado peligro de renovada escasez de moneda extranjera y el debilitamiento del peso. Lo que sí cambiará son los cálculos políticos hechos en torno a las elecciones presidenciales del 2015.
Entre los actuales favoritos (aún es una lista preliminar), Daniel Scioli (el gobernador pro-gobierno de la provincia de Buenos Aires) y dos líderes de la oposición, Sergio Massa ( el diputado de la facción Peronista disidente, Frente Renovador) y Mauricio Macri (el alcalde de centro-derecha de la capital federal), todos tenían en general el mismo plan de juego. Poniéndolo crudamente, todos ellos estaban esperando que la Presidenta Cristina Fernández ordene todas las cuestiones de la deuda externa, lo que les permitiría planear un futuro gobierno desde cero, uno que tal vez atraiga nuevas inversiones extranjeras y financiamientos para esperanzadoramente comenzar el 2016 acomodándose en un nuevo ciclo de crecimiento económico.
Peor ahora mucho depende de cuán largo será el tiempo que durará el default, y sobre cómo será administrado. Un default corto con una solución a comienzos del 2015 no alteraría fundamentalmente el plan de juego. Pero un default largo –y uno en el cual incluso la reestructuración de la deuda con el Club de París o los canjes de deuda del 2005 y el 2010 comiencen a desmadejarse– tendría tres grandes consecuencias políticas. La primera es que Argentina podría hundirse de una recesión y problemas financieros más profundos, incluyendo la militancia de los trabajadores y las protestas sociales que desestabilizarían el proceso de transición democrática. La segunda es que los candidatos cercanos al gobierno, como Scioli, quedarían salpicados por asociación. La tercera es que en el caso del peor escenario los aspirantes a presidente podrían heredar una disputa por la deuda externa activa, en vez de una que ha sido convenientemente resuelta, para peor o mejor, por la administración saliente. Esto, en sí mismo, podría ser visto como un cambio en la descripción del trabajo para el próximo presidente de Argentina.
- El default acecha
El 22 de julio el juez del Distrito de Nueva York, Thomas Griesa, rechazó el pedido formal de Argentina por una extensión a la fecha límite del 30 de julio para llegar a un acuerdo con sus tenedores de bonos ‘holdouts’. Habiendo si ordenados reunirse con el negociador designado por la corte, Daniel Pollack, el 23 de julio, los abogados de Argentina no acudieron a la reunión. Los holdouts, los abogados de Argentina, y Pollack, debían tratar reunirse de nuevo el 24 de julio.