04 April 2008
Hits: 815
Una desproporcionada respuesta en la disputa con el Vice-Presidente llama la atención sobre sus hasta ahora desconocidos rasgos de carácter.
Muchos se sorprendieron la semana pasada con el Presidente Néstor Kirchner, por la ferocidad de su respuesta a las públicas diferencias de opinión con su Vice-Presidente Daniel Scioli. El Presidente, luego de hacer saber que no buscaría una reconciliación con Scioli, despidió de sus cargos a todos los funcionarios asociados con el Vice-Presidente.
Scioli no es un peso pesado dentro del gobierno, por tanto, las víctimas estaban bastante abajo en la jerarquía. Germán Pérez (que fue el segundo de Scioli en la secretaría de deportes y turismo durante la presidencia de Duhalde, y luego su sucesor cuando Scioli dejó el cargo para acompañar la fórmula de Kirchner); el coordinador de planeamiento deportivo, Víctor Groupierre; y los dos más altos funcionarios en la administración de parques nacionales, Sergio Zaragoza y Oscar Triani. Incluso a ese nivel, Kirchner optó por asegurarse lealtad al designar como sucesor de Pérez al hombre que se desempeñó en el mismo cargo en la provincia de Santa Cruz.
Como fue evidente en su elección de los altos comandantes militares, el círculo de gente que Kirchner conoce personalmente está en gran medida confinada a aquellos con quienes trató cuando era gobernador de Santa Cruz.
Kirchner no es Lula
¿Qué fue lo que hizo Scioli para merecer esta violenta reacción? Primero, él dijo que creía que cualquier acuerdo con el FMI debería incluir poner término al congelamiento de las tarifas de los servicios públicos (una cuestión que ha sido objeto de presión y negociación, sobre la que Kirchner hasta ahora adoptó la posición de que no habría aumentos, por ahora).
Segundo, expresó abiertamente dudas sobre la efectividad de la 'anulación' por el congreso, de leyes que protegían a los militares de ser procesados por crímenes cometidos durante la 'guerra sucia' de los '70, sugiriendo que eso había sido no más que un gesto político. Como conocen nuestros lectores, es difícil que él se halle sólo en esa interpretación [IL-03-32], pero Kirchner estaba jugando con el impacto político de ese gesto, que él había instigado -posiblemente como un elemento de presión extra sobre la corte suprema, que debe dictaminar sobre la validez de esas leyes.
Entre las pocas críticas conocidas hacia Kirchner que uno puede hallar en estos días en Buenos Aires en círculos políticos, es que su reacción contrasta con la manera en que su colega brasileño, Lula da Silva, manejó los abiertamente críticos pronunciamientos de su Vice-Presidente, José Alencar. En general, Lula lo ignoró; y cuando fue presionado, él trató el tema como si fuera el tipo de cosas que uno podría esperar escuchar de Alencar. Y las declaraciones de Alencar fueron explícitamente críticas hacia la política del gobierno (sobre las tasas de interés), mientras que Scioli, en el peor de los casos, pudo haber interferido con las tácticas de negociación.
Una lectura, hecha por un antiguo crítico de Kirchner desde sus días de Santa Cruz, es que Scioli llamó la atención sobre el hecho que el Presidente no tenía mucho sustento -o, que la reacción de Kirchner produjo ese efecto. Este crítico, en particular, señaló que Kirchner tenía impulsos autocráticos, bien conocidos por aquellos que se cruzaron con él en Santa Cruz. [El es también escéptico de la cruzada de Kirchner contra la corte suprema 'cargada' por Menem, recordando que Kirchner hizo exactamente lo mismo cuando fue electo gobernador.]