Neoliberalismo en América Latina

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  • Cambiante naturaleza de la polí­tica de consenso

    11 September 2007 Hits: 27

    Neoliberalismo significó diferentes cosas a diferentes personas. Los que la pusieron en práctica prefieren no usar el término y hablan de 'reformas'. Los que lo criticaron desde el inicio, a menudo le dan significados que no tení­a originalmente, y no se dieron cuenta de sus ajustes en el tiempo; algunos incluso adoptaron los ajustes en nombre del neoliberalismo, aunque calladamente retení­an los elementos del paquete original.

    Neoliberalismo es un término muy general que abarca el paquete de polí­ticas económicas que rodea las 'recomendaciones' del FMI desde los '80, la década cuando gran parte de América Latina era golpeada por lo que se dio en llamar la crisis de la deuda. Ese paquete fue visto ampliamente como encarnado en el Consenso Washington de 1990, que no era una receta, sino una compilación de John Williamson del "más bajo denominador común de asesorí­a polí­tica que era abordado por instituciones con base en Washington para los paí­ses de América Latina en 1989."

    Además, como Williamson se quejaba más tarde, el Consenso Washington se usó como sinónimo del "fundamentalismo de mercado", pese a que -como dijo una década más tarde- el fundamentalismo de mercado del primer mandato de Reagan ya habí­a sido suplantado por el retorno de una polí­tica económica racional, y uno podí­a discernir qué ideas sobrevivirí­an y cuáles no: disciplina monetaria pero no monetarismo; reforma fiscal, pero no recorte fiscal; liberalización comercial pero quizá no completa libertad de movimientos de capital; desregulación de las barreras de entrada y salida pero no la supresión de regulaciones destinadas a proteger el medio ambiente.

    • El Consenso Washington como fue presentado originalmente por Williamson, contení­a las siguientes polí­ticas:
    • Disciplina fiscal.
    • Reorientación de las prioridades de gasto público hacia campos que ofrecen altos retornos económicos y potencial de mejorar la distribución del ingreso, como servicio primario de salud, educación primaria, e infraestructura.
    • Reforma fiscal (reducir las tasas marginales y ampliar la base impositiva).
    • Liberalización de las tasas de interés.
    • Tasa de cambio competitiva.
    • Liberalización del comercio.
    • Liberalización del flujo de la inversión extranjera directa.
    • Privatización.
    • Desregulación (para abolir barreras de entrada y salida).
    • Asegurar los derechos de propiedad.

    Más tarde Williamson dijo que el consenso se habí­a equivocado en un punto: la tasa de cambio competitiva. La mayorí­a de los economistas de entonces estaban a favor de una tasa fija o de la libre flotación. Agregó que muchos economistas, incluido él mismo, tení­an reservas sobre la liberalización de tasas de interés.

    Si el Consenso Washington no era una receta, las recomendaciones emitidas por el FMI sí­ lo eran. Y el Fondo, como expresó con acierto Mark Weisbrot, del Centro de Investigación Económica y Polí­tica con base en Washington, actuó como la cabeza o el guardián del cartel de acreedores: "Si un gobierno no llegaba a un acuerdo con el FMI, no podrí­a obtener préstamos del Banco Mundial, de bancos regionales como el importante Banco Interamericano de Desarrollo en su hemisferio, préstamos y ayudas de gobiernos del G-7, y a veces aun del sector privado." Además, la influencia dominante en el FMI era el gobierno de EU. Eso "permitió a EU [y a otros paí­ses ricos] a operar a través de una aparentemente multilateral, neutral, tecnocrática institución, cuando presionaban a gobiernos de paí­ses en desarrollo para que privaticen sus recursos naturales o para obtener enormes superávits primarios para el pago de la deuda."

    Neoliberalismo, por tanto, no significa lo mismo que el Consenso Washington. Jeffrey Chwieroth, de la London School of Economics, da una escueta definición del neoliberalismo como "una serie de creencias asociadas con gobiernos minimalistas y el libre mercado", que propone principalmente la nueva Economí­a Clásica, que une varias recetas basadas en la noción que los problemas económicos son causados por la intervención del gobierno y se resuelven mejor reduciendo el estado y liberando las fuerzas del mercado. Muchas de esas recetas podrí­an fácilmente encajar en la descripción de fundamentalismo de mercado, que Williamson dice que el Consenso Washington no encarna.

    Decidiendo cómo adoptar
    Es muy importante señalar que la adopción del neoliberalismo por los gobiernos latinoamericanos no fue nada homogéneo, tampoco simultáneo. Por ejemplo, Chile, citado frecuentemente como ejemplo por los beneficios de la reforma, comenzó a adoptar partes de lo que más tarde serí­a llamado neoliberalismo, con los 'Chicago Boys', a quienes el dictador Augusto Pinochet confió el manejo de la economí­a en los '70.

    Argentina, bajo Carlos Menem condujo el más radical programa privatizador en el hemisferio, otros paí­ses fueron mucho más selectivos. México, Venezuela, Colombia, Brasil y Chile mantuvieron sus compañí­as petroleras en manos del estado; los primeros tres, para preservar una fuente crucial de ingresos fiscales, los dos últimos para controlar un área de extrema dependencia externa. Chile retuvo el control de la corporación estatal del cobre, por la misma razón que los exportadores de petróleo retuvieron sus compañí­as petroleras estatales.

    Chile y Colombia fueron cautelosos acerca del libre movimiento de capital, con frenos destinados a detener el flujo especulativo del dinero caliente de corto plazo. Eso los protegió de la crisis financiera regional de 1998. Argentina dolarizó su economí­a imponiendo al estado la obligación legal de cambiar pesos a la par del dólar. Ecuador y El Salvador totalmente dolarizados, Guatemala aceptó el dólar como moneda de curso legal. Nadie más siguió el ejemplo.

    El compromiso con la liberalización comercial también fue desigual. México (dentro de Nafta) y Chile llegaron lejos, seguidos por Perú. Mercosur retuvo una medida sustancial de protección externa, y sus socios lí­deres, Brasil y Argentina, se comprometieron entusiastamente en el comercio dirigido -particularmente, pero no exclusivamente, en vehí­culos automotor.

    El Consenso de Santiago
    Poco antes de una década después de aparecer el Consenso Washington, se hizo claro que el paquete neoliberal no proveí­a lo que prometí­a, en particular en el área social. Una serie de reformas de segunda generación fueron ideadas y presentadas como perfeccionando, no reemplazando el paquete previo.

    Los economistas del Banco Mundial, Javed Burki y Guillermo Perry dijeron en 1998 que "la experiencia ha demostrado convincentemente que las polí­ticas prescriptas por el Consenso Washington valieron la pena [...] y la reasunción del crecimiento económico en los '90, ha estado estrechamente asociado con la implementación de muchas de las polí­ticas recomendadas por Washington".

    Pero luego reconocieron los defectos:

    *Las reformas han producido una declinación en las tasas de pobreza, pero eso parece más una consecuencia de la declinación en las tasas de inflación y el modesto crecimiento, que de las consecuencias distributivas del comercio y la liberalización financiera.

    *La reasunción del crecimiento no ha sido acompañada por una fuerte demanda laboral en el sector formal, en muchos paí­ses, ya sea el desempleo formal o el empleo informal se han incrementado.

    *El crecimiento de la exportación se ha concentrado en industrias intensivas de recursos naturales.

    *Las diferencias salariales entre el trabajo calificado y el no calificado parecen haberse ensanchado. En consecuencia, los problemas de distribución del ingreso no se solucionaron en muchos paí­ses, y se han deteriorado en otros, lo que ha producido tasas de pobreza que permanecen inaceptablemente altas.

    *La inseguridad económica para los pobres y las clases medias, vinculada a la inseguridad del empleo y la volatilidad del ingreso, ha tendido a elevarse.

    La conclusión de los economistas del BM fue que una polí­tica macroeconómica buena no era suficiente, y que las buenas instituciones eran crí­ticas para la estabilidad macroeconómica en un contexto de integración financiera global.

    De eso emergió el Consenso de Santiago, que no existió como tal de la misma manera que el Consenso Washington, pero los economistas del BM dijeron que estaba implí­cito en la Declaración de Santiago, que surgió de la Cumbre de las Américas de 1998, celebrada en la capital chilena.

    Las polí­ticas y recomendaciones, incluidas en realidad en la Declaración de Santiago fueron:

    *Atención especial a los paí­ses y grupos sociales más vulnerables del hemisferio, para contrarrestar el hecho que la globalización podrí­a agudizar las diferencias entre paí­ses y dentro de las sociedades.

    *Alta prioridad a la educación como factor determinante del desarrollo polí­tico, social, cultural, y económico, facilitando el acceso de todos los habitantes de las Américas a la educación preescolar, primaria, secundaria y terciaria, y poniendo la ciencia y la tecnologí­a al servicio de la educación.

    *Negociación dentro de los cinco años siguientes del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), tomando en cuenta las diferencias en los niveles de desarrollo y de tamaño de las economí­as en las Américas.

    *Fortalecimiento de la supervisión bancaria e introducción de regulaciones para revelar y difundir información bancaria, a fin de contrarrestar la volatilidad de los mercados de capital.

    *Fortalecimiento de la educación para la democracia y promoción de acciones necesarias para que las instituciones del gobierno se conviertan en estructuras más participativas; fortalecimiento de las capacidades de gobiernos regionales y locales promoviendo mayor participación activa en la sociedad civil.

    *Alentar las reformas necesarias para promover la cooperación legal y judicial, fortalecer las entidades nacionales involucradas en estudiar la administración de justicia y acelerar el establecimiento de un centro hemisférico de estudios sobre ese tema.

    *A fin de superar la pobreza, mayor apoyo a las micro y pequeñas empresas, promoción de estándares esenciales de trabajo reconocidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y el uso de nuevas tecnologí­as para mejorar las condiciones de salud de cada familia en las Américas.

    Como en el caso del Consenso Washington, éste también se prestó a varias interpretaciones. El director del BM, James Wolfensohn, que adoptó el término Consenso de Santiago con entusiasmo, lo redefinió como proponiendo:

    *Alta prioridad a la educación, seguida por servicios de salud y luego por la infraestructura.

    *Mejorar los trabajos del sistema de justicia.

    *Eliminar las distorsiones causadas en la economí­a por el delito y las drogas.

    *Consolidar la seguridad civil, no como elemento esencial de teorí­a económica, sino como una barrera práctica para su implementación.

    *Un sistema financiero funcional.

    "Esa," dijo, "no es una lista exhaustiva, pero da un sentido mucho más completo e integrado al enfoque del desarrollo. Y, por supuesto, debe incluirse una buena polí­tica macroeconómica y de apertura comercial."

    El Consenso Buenos Aires, emitido en octubre de 2003, fue fuerte en retórica, pero incluyó un número de posiciones en polí­ticas:

    *Elaborar una agenda de integración regional abordando las necesidades y los desafí­os creados por el proceso de globalización que ha generado modos sin precedentes de concentración económica. Eso involucra buscar mayor autonomí­a en la toma de decisiones para poder enfrentar movimientos desestabilizadores del capital especulativo y los intereses adversos de bloque más desarrollados.

    *Adoptar como principios guí­as de la integración Sudamericana la búsqueda de intereses comunes y la introducción de un modelo de desarrollo que una el crecimiento, la justicia social y la dignidad de los ciudadanos.

    *Adoptar polí­ticas públicas dirigidas al crecimiento sostenido y la equitativa distribución de sus beneficios, adoptando sistemas fiscales e impositivos más justos.

    *Aplicar todas las acciones necesarias para reducir las altas tasas existentes de desempleo, creando condiciones favorables para el desarrollo de empresas y la inversión productiva.

    *Otorgar absoluta prioridad a la educación, como un instrumento de la inclusión social.

    *Construir una sociedad con información, guiada por los objetivos de inclusión social, erradicación del hambre y la pobreza, mejoramiento de la salud y la educación, y el logro del equilibrio económico y el desarrollo social.

    *Adoptar polí­ticas de desarrollo regional que tome en cuenta los fuertes desequilibrios y desigualdades regionales existentes.

    *Establecer como directrices para la administración de la deuda pública, la creación de empleos y riqueza, protección de los ahorros, reducción de la pobreza, promoción de la educación y la salud, y el mantenimiento de polí­ticas de desarrollo sostenido.

    *Fortalecimiento de las instituciones del estado, profesionalización de la administración pública, perfeccionando la eficacia de su rol estratégico.

    Aparece Alba
    Un par de meses antes que Lula y Kirchner emitieran el Consenso Buenos Aires, Hugo Chávez , aprovechó la visita que hizo a las oficinas de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), para lanzar una propuesta que en su opinión podrí­a servir como una alternativa al neoliberalismo, la globalización, el ALCA y la OCM: la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba).

    "La integración," declaró Chávez , "no es posible bajo el neoliberalismo; el neoliberalismo es desintegración. América del Sur no puede integrarse como está esbozado en ALCA. Firmar el ALCA es como firmar un certificado de muerte; enviarí­a a nuestros paí­ses al Quinto Infierno de Dante." Dijo que proponí­a "la unidad en el plano polí­tico (también en el plano económico, pero no se reduce sólo a eso, además, la [unidad] económica será un proceso más lento) […] Lo que proponemos es una zona libre de analfabetismo, libre de desnutrición infantil, libre de desempleo, libre de personas sin un techo."

    Dicho eso, Chávez produjo algunas propuestas concretas en el plano económico:

    *Unión de todas las industrias petroleras estatales de la región bajo un paraguas que se llamará Petrosur o Petroamérica; "una especie de Opep Sudamericana."

    *Conversión del Fondo Latinoamericano de Reservas (Flar) en un fondo financiero sudamericano, y la creación de un banco sudamericano, el Banco del Sur, a través de la fusión de la Corporación Andina de Fomento (CAF) con el Fondo de la Cuenca del Plata (Fonplata) -ambos como medio de liberar a la región de los dictados del FMI.

    *Un debate sudamericano para coordinar el no pago de la deuda externa.

    Chávez no encontró interesados de inmediato. La primera adhesión formal a Alba fue la de Cuba, en 2004. Siguió Bolivia en 2006, y Nicaragua el año siguiente. Una definición más formal de los objetivos de Alba tomó algo de tiempo. El acuerdo con Cuba hablaba de cooperación basada en la "solidaridad [y] el intercambio de bienes y servicios que sean más beneficiosos para las necesidades económicas y sociales de ambos paí­ses", tomando en cuenta "las asimetrí­as polí­ticas, sociales, económicas y legales de ambos paí­ses" y previendo "la posibilidad de comercio compensado".

    En la práctica, la relación consistí­a principalmente en que Venezuela aseguraba a Cuba el suministro de petróleo en términos preferenciales, y Cuba pagando eso parcialmente con la provisión de servicios en educación y cuidado de la salud. Los dos paí­ses también identificaron una serie de áreas donde podrí­an establecer empresas conjuntas.

    El estatal Banco de Comercio Exterior (Bancoex) de Venezuela, definió Alba, a principios de 2005, como una extensión de comercio internacional de los principios bolivarianos prevalecientes en Venezuela.

    Destacaba la oposición de Venezuela a "los procesos de liberalización, desregulación y privatización que limitaban la capacidad del estado y del gobierno para diseñar y ejecutar polí­ticas en defensa del derecho de nuestro pueblo de acceder a servicios esenciales de buena calidad y a buenos precios", el principio que "los servicios públicos son para satisfacer las necesidades del pueblo, no para el comercio y ganancia económica [y] por tanto no pueden ser gobernados por el criterio de ganancias sino por el interés social", y el compromiso de corregir las llamadas asimetrí­as entre los socios de Alba, para lo cual propuso la creación de fondos de compensación de convergencia estructural.

    Venezuela presentó algunas de sus iniciativas "petrodiplomáticas" como el esquema Petrocaribe, para proveer combustible bajo términos preferenciales a los paí­ses caribeños, la alianza propuesta, Petrosur, de empresas petroleras estatales, y el Gasoducto del Sur (un esquema de gasoductos desde Venezuela a través de Brasil hasta Argentina, con ramales a Paraguay y Uruguay), como parte de las iniciativas Alba, aunque sus socios en ellas, reales o potenciales, no firmaron como miembros de Alba. Pero como veremos, Chávez ha ayudado a montar la escena para que otros se deshagan de elementos del paquete neoliberal.

  • Crecimiento económico y reducción de la pobreza

    11 September 2007 Hits: 26

    Hubo abundancia de crí­ticas y oposición al neoliberalismo por algún tiempo y, en términos de discurso polí­tico eso ganó influencia en años recientes. Pero hasta ahora, no dio como resultado el abandono de todo el paquete neoliberal. Pero, ¿eso ha engendrado una exhaustiva alternativa que podrí­a hallar interesados?

    La iniciativa de Hugo Chávez , Alba, dice en su nombre que es una "alternativa" -inicialmente al ALCA, más tarde al neoliberalismo en su conjunto. Chávez , y todos los que se le unieron en Alba, son presentados por EU como "populistas radicales" o una inaceptable especie de gobiernos latinoamericanos izquierdistas, en contraposición de gobernantes de izquierda aceptables, como Lula da Silva de Brasil, o Michelle Bachelet de Chile, que llegaron al poder desafiando al menos algunos de los defectos del paquete neoliberal original.

    Juntos, han sido presentados ampliamente como representando un "giro a la izquierda" regional. El escritor polí­tico Takis Fotopoulos dice que mucho de lo que ha sido visto como un giro a la izquierda en América Latina es un "tardí­o auge de regí­menes social-liberales en el poder, que pasan por regí­menes de 'izquierda' y que capitalizan la consternación popular sobre la globalización capitalista neoliberal." La extrema izquierda los culpa de no cumplir sus programas. Las crí­ticas sirven para calibrar hasta dónde son vistos representando una alternativa al neoliberalismo. El académico marxista James Petras enumera sus principales falencias como sigue:

    • Ninguna aplica polí­ticas redistributivas.
    • Muchos han aplicado polí­ticas presupuestarias regresivas, subsidiando a las grandes empresas y reduciendo el gasto en polí­ticas sociales.
    • Se han aplicado programas de austeridad clasista-selectiva que perjudican a los receptores de salarios mí­nimos y empleados públicos de bajos salarios en la salud y la educación.
    • Las privatizaciones -legales e ilegales- se han extendido y profundizado, incluso los sectores lucrativos de propiedad pública de minerí­a y energí­a.
    • Los inversionistas han recibido acceso privilegiado a los mercados locales, mano de obra barata y han privatizado empresas y bancos.

    Petras no deja de lado a Venezuela y Bolivia que, él dice, "no han abolido gran parte de los elementos esenciales de la producción capitalista, como ganancias privadas, propiedad extranjera, repatriación de ganancias, acceso al mercado o la provisión de gas, energí­a u otros bienes primarios, tampoco declararon ilegales las futuras inversiones extranjeras." En su opinión, compartida por muchos que están cerca del centro del espectro polí­tico, lo que Venezuela y Bolivia están haciendo es modernizar y actualizar a los estándares mundiales actuales las relaciones entre estados productores de petróleo y las compañí­as de petróleo y gas. Y agrega: "Esas regulaciones y reformas propuestas pueden incrementar las reservas y la influencia del estado pero ninguno […] incluye una transformación revolucionaria de la propiedad o las relaciones sociales de producción."

    El "modelo" venezolano
    El ex presidente de Pdvsa (2002-04) Alí­ Rodrí­guez Araque dijo que la industria petrolera de Venezuela se basa "en tres pilares: capital estatal, capital nacional privado y capital internacional privado." El "socialismo del siglo 21" de Chávez fue definido con base en un endógeno desarrollo, dirigido al bienestar colectivo, con justa distribución de la riqueza y el ingreso; la creación y consolidación de una estructura productiva nacional diversificada, eficiente y autosuficiente, mayor independencia de los centros metropolitanos; y democracia participativa. Los instrumentos para los aspectos sociales son salud y educación subsidiadas, y masiva alfabetización, financiados con los ingresos petroleros de Venezuela.

    Dos rasgos del manejo económico de Chávez se destacan; elevó el crecimiento de la economí­a no-petrolera, y ha fomentado el crecimiento de su sector privado, incrementando su contribución al PBI a un nivel considerablemente más alto que cuando Chávez llegó al poder en 1999.

    El programa "Bolivariano" de Chávez , mientras buscaba el desarrollo endógeno en el paí­s, ha tenido una gran dimensión internacional, basada principalmente en lo que Chávez llama "cooperación e integración energética", y sus crí­ticos llaman "petro-diplomacia". Como dijimos antes, eso incluye la provisión de combustible a un número de paí­ses bajo términos preferenciales.

    También incluye esquemas de mayor importancia geopolí­tica, como el compromiso de construir refinerí­as petroleras en Nicaragua y Ecuador. La primera ha torpedeado efectivamente una iniciativa mexicana para una refinerí­a centroamericana, pues la planta planeada para Nicaragua tendrá suficiente capacidad para exportar a sus vecinos. Las refinerí­as en Nicaragua y Ecuador estarán localizadas en la costa del Pací­fico, como parte del objetivo a mediano plazo de Venezuela de reorientar gran parte de su petróleo hacia China.

    También parte de su esfuerzo hacia el Pací­fico es el ducto de propósito dual Colombia-Venezuela (siendo su segundo propósito "comprometer" a Colombia en una relación que reducirá el riesgo que Colombia sea usada por EU para una intervención en Venezuela).

    De importancia similar era el esquema del Gasoducto del Sur que tendrí­a la mitad de la extensión de Sudamérica, desde Venezuela, a través de Brasil hasta Argentina, Paraguay y Uruguay. Ese particular esquema parece haber zozobrado por la renuencia de Brasil de ser dependiente del suministro venezolano, después del tropiezo de la nacionalización de Bolivia apoyada por Venezuela. Caracas ha respondido planteando un esquema para evitar a Brasil y embarcar gas natural licuado a Argentina, y uniéndose con Buenos Aires en un plan para iniciar la "industrialización" de los hidrocarburos de Bolivia.

    Esas empresas internacionales, más allá de su rol de diplomacia blanda para proyectar la influencia venezolana, tienen más que ver con el nacionalismo y las aspiraciones de liderazgo regional que con alternativas al neoliberalismo, y menos al capitalismo, del tipo que la extrema izquierda desea.

    Argentina, que en la práctica aplica polí­ticas mucho menos dañinas al paquete "neoliberal" cuando confrontó el desafí­o de salir de una de sus peores crisis económicas, no ha indicado cuáles de esos medios mantendrá como parte de su arsenal de polí­tica económica permanente, tampoco ha producido nada que se parezca a un plan que encarne una alternativa al menú neoliberal. Se debe señalar que Argentina es el único gran paí­s latinoamericano que está cerca de Venezuela, pero no se ha unido a Alba ni ha adoptado el completo discurso "Bolivariano".

  • Crecimiento económico y reducción de la pobreza: Datos...

    11 September 2007 Hits: 9

    América Latina: crecimiento del PBI, 1998-2006

    Variación anual en %, de acuerdo con los últimos resultados

    1998 1999  2000 2001 2002 2003 2004 2005 20061
     R. Domin 8,3 6,1 7,9 2,3 5,0 -0,4 2,7 9,2 10,7
    Venezuela  0,3 -6,0 3,7 3,4 -8,9 -7,8 18,3 10,3 10,3
    Argentina 3,9 -3,4 -0,8  -4,4 -10,9 8,8  9,0  9,2 8,5
    Panamá 7,4 4,0 2,7 0,6 2,2  4,2 7,5 6,9  8,1
    Perú -0,7 0,9 3,0 0,2 5,2 3,9 5,2 6,4 8,0
    Costa Rica 8,4 8,2 1,8 1,1 2,9 6,4 4,3 5,9 7,9
    Uruguay 4,5 -2,8 -1,4 -3,4 -11,0 2,2 11,8 6,6 7,0
    Colombia 0,6 -4,2 2,9 1,5 1,9  3,9 4,9 4,7 6,8
    Honduras 2,9 -1,9 5,7 2,6 2,7 3,5 5,0 4,1 6,0
    Guatemala  5,0 3,8 3,6 2,3 3,9 2,5 3,2 3,5 4,9
    Mexico  5,0 3,8 6,6 0,0 0,8 1,4 4,2 2,8 4,8
    Bolivia 5,0 0,4 2,5 1,7 2,5 2,7 4,2 4,0 4,6
    El Salvador 3,7 3,4 2,2  1,7 2,3 2,3 1,8  2,8 4,2
    Paraguay  0,6  -1,5  -3,3 2,1 0,0 3,8  4,1   2,9  4,2
    Ecuador 2,1 -6,3 2,8 5,3 4,2 3,6 7,9 4,7 4,1
    Chile 3,2 -0,8 4,5 3,4 2,2 3,9 6,0 5,7 4,0
    Brazil 0,0  0,3 4,3 1,3 2,7 1,1 5,7  2,9 3,7
    Nicaragua 3,7 7,0  4,1 3,0  0,8 2,5 5,3 4,3 3,7
    Haiti      2,2 2,7  0,9 -1,0 -0,3   0,4 -3,5 1,8 2,3
    America Latina 2 2,5 0,2 3,9 0,3 -0,5 2,1 6,2 4,6 5,5
    Cuba 0,2 6,3 6,1 3,0 1,5  2,9 4,5
    Cuba3 3,0 1,8 3,8 5,4 11,8 12,5
    1Preliminar. 2Excluyendo a Cuba. 3Datos proveí­dos por el instituto de estadí­sticas de Cuba

    América Latina: Tasas de pobreza 1990-2005
    % de la población bajo la lí­nea de la pobreza, según últimos datos

    1990 1998  1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005
    Honduras 80.8   ..  79.7 .. .. 77.3 74.8 ..  ..
    Nicaragua 73.66 69.9  ..  .. 69.3 .. ..  .. ..
    Bolivia 52.62*   .. 60.6 .. .. 62.4 .. 63.9 ..
    Paraguay 49.91*  .. 60.6 .. 61.0  .. .. 65.9 60.5
    Guatemala  69.45 61.1 .. .. .. 60.2  ..  .. ..
    Ecuador 62.1* .. 63.5*  .. .. 49.0* .. 51.2 48.3
    Perú ..  .. 48.6 .. 54.87 .. 54.7 51.1 ..
    El Salvador 54.24 .. 49.8 ..  48.9 .. ..  47.5 ..
    R. Domin ..  .. .. 46.9  .. 44.9  .. 54.4 47.5
    Colombia 56.13 .. 54.9 .. .. 51.1 .. 51.1 46.8
    Venezuela 39.8  .. 49.4 .. .. 48.6 .. 45.4 37.1
    Brazil 48.0 .. 37.5 .. 37.5  .. 38.7 37.7 36.3
    Mexico 47.72 46.9  ..  41.1  .. 39.4 .. 37.0 35.5
    Panama 39.93* ..   25.8* ..  .. 34.0 .. 31.8 33.0
    Argentina* 16.11  .. 23.7  .. .. 45.4 .. 29.4 26.0
    Costa Rica 26.3 .. 20.3 ..  .. 20.3  .. 20.5 21.1
    Uruguay * 17.9 .. 9.4 .. .. 15.4 .. 20.9 18.8
    Chile 38.6  21.7  .. 20.2 ..  ..  18.7 .. ..
    America  Latina   8  48.3 ..  43.9 42.5 43.2 44.0  44.2 42.0 39.8
    *Areas urbanas.
    1 1994. 2 1989. 3 1991. 4 1995. 5 1989. 6 1993. 7 Metodologí­a cambiada. 8 Estimado para 19 paí­ses.

    América Latina: Inflación 1998-2006
    Variaciones de los precios al consumidor diciembre a diciembre*

    1998 1999  2000 2001 2002 2003 2004 2005 20061
    Venezuela 29.9 20.0  13.4 12.3 31.2 27.1 19.2 14.4 17.0
    Paraguay 14.6  5.4 8.6 8.4 14.6 9.3  2.8 9.9 12.5
    Haití­   7.4 9.7 19.0 8.1 14.8  40.4  20.2 14.8 10.2
    Nicaragua 18.5 7.2 9.9 4.7 4.0 6.6 8.9 9.6 10.2
    Argentina 0.7  -1.8 -0.7 -1.5 41.0 3.7 6.1 12.3 9.8
    Costa Rica 12.4 10.1 10.2 11.0  9.7 9.9 13.1 14.1 9.4
    Uruguay 8.6 4.2 5.1  3.6 25.9 10.2 7.6 4.9 6.4
    Guatemala  7.5 4.9 5.1 8.9  6.3 5.9 9.2 8.6 5.8
    Cuba 2.9   -2.9 -3.0 -0.5 7.0 -1.0 3.0 3.7 5.7
    Honduras 15.7 10.9  10.1 8.8 8.1  6.8 9.2 7.7 5.3
    R Domin 7.8 5.1 9.0 4.4 10.5 42.7 28.7  7.4 5.0
    Bolivia 4.4 3.1  3.4 0.9 2.4  3.9  4.6 4.9  4.9
    El Salvador 4.2 -1.0 4.3 1.4 2.8 2.5 5.4 4.3 4.9
    Colombia 16.7 9.2  8.8 7.6 7.0  6.5  5.5 4.9  4.5
    Guyana  4.7  8.7  5.8  1.5 6.0 5.0 5.5  8.2 4.2
    México  18.6 12.3  9.0  4.4  5.7  4.0 5.2 3.3 4.1
    Brazil 1.7 8.9  6.0 7.7 12.5  9.3  7.6 5.7 3.1
    Ecuador 43.4 60.7 91.0 22.4  9.3 6.1 1.9 3.1 2.9
    Chile  4.7 2.3  4.5  2.6 2.8 1.1 2.4 3.7 2.6
    Panamá 1.4  1.5 0.7  0.0 1.9  1.5 1.5 3.4 2.2
    Perú 6.0  3.7  3.7  -0.1  1.5 2.5  3.5  1.5 1.1
    *Ubicados según datos de 2006.

    América Latina: Desempleo 1998-2006
    Tasa anual media de desempleo urbano, según últimos datos

    1998 1999  2000 2001 2002 2003 2004 2005 20061
    R Domin* 14.4 13.8 13.9 15.6 16.1 16.7 18.4 18.0 16.2
    Colombia 15.3 19.4 17.3 18.2 17.6 16.7 15.4 13.9 13.0
    Uruguay 10.1 11.3  13.6 15.3 17.0 16.9 13.1 12.2 11.4
    Panamá 15.5 13.6 15.2 17.0 16.5 15.9 14.1 12.1 10.4
    Argentina 12.9 14.3 15.1 17.4 19.7 17.3 13.6 11.6 10.2
    Ecuador 11.5 14.4 14.1 10.4  8.6 9.8 11.0 10.7 10.1
    Brazil 7.6 7.6 7.1 6.2 11.7 12.3 11.5 9.8 10.0
    Venezuela* 11.3 15.0 13.9 13.3 15.8 18.0 15.3 12.4 10.0
    Perú 8.5  9.2  8.5  9.3 9.4  9.4 9.4 9.6 8.5
    Paraguay 6.6  9.4 10.0 10.8 14.7 11.2 10.0 7.6 8.3
    Bolivia  6.1 7.2  7.5 8.5  8.7 9.2 6.2 8.2 ..
    Chile*  6.4 10.1 9.7 9.9 9.8  9.5 10.0 9.2 7.7
    Nicaragua 13.2 10.7  7.8 11.3 11.6 10.2 9.3 7.0 7.0
    Costa Rica 5.4  6.2 5.3 5.8 6.8  6.7 6.7  6.9 6.0
    El Salvador 7.6  6.9 6.5  7.0 6.2 6.2 6.5  7.3 5.7
    Honduras 5.2 5.3 .. 5.9 6.1  7.6 8.0  6.5 4.9
    Mexico  4.7 3.7  3.4  3.6  3.9  4.6  5.3 4.7 4.6
    Guatemala .. .. ..  .. 5.4 5.2 4.4 ..  ..
    Cuba* 6.6 6.3 5.5 4.1 3.3 2.3 1.9 1.9 1.9
    Region** 10.3 11.0 10.4 10.2 11.0 11.0 10.3  9.1 8.6
    *Total nacional. **Incluido el Caribe.

    Fuente: Todas las tablas son presentación propia sobre datos de Cepal.

  • EL ESCENARIO 'POST-NEOLIBERAL' (I)

    11 September 2007 Hits: 7

    Un número de gobiernos latinoamericanos actuales han renegado de modo explí­cito del neoliberalismo o han obtenido poder criticándolo. Lo que aún no está claro es hasta dónde ellos intentarán revertir las reformas que han sido identificadas con el neoliberalismo. Hasta ahora, la tendencia general no ha ido muy lejos en esa dirección.

    Liberalización del comercio
    El avance hacia una mayor liberalización comercial ha continuado, aunque no por entero con el alcance previsto por el ALCA. El Tratado de Libre Comercio Centroamérica-República Dominicana (Cafta-DR) -una denominación en la cual el nombre del socio mayor, EU, está ausente- fue firmado en 2004 y ha sido ratificado por todos los firmantes, salvo Costa Rica (realizará un referéndum para la ratificación en octubre). En América del Sur, Colombia y Perú han firmado tratados de libre comercio con EU, aunque irónicamente es EU el que retiene la ratificación. Ecuador y Bolivia fueron dejados fuera de las negociaciones por Washington.

    El comercio administrado continúa siendo practicado por Brasil y Argentina, y está implí­cito en los acuerdos de Venezuela con sus socios en Alba (que además prevé la posibilidad de "comercio compensado", que significa sin usar moneda). En esa área, más que renuncia a la liberalización comercial, hubo una clara disminución de las iniciativas de mayor liberalización.

    Pese a la fuerte retórica hubo necesidad de reintroducir una polí­tica industrial, que no tomó la forma de un retorno al proteccionismo de otros tiempos; en general, los gobiernos han sido cuidadosos en mantener sus incentivos industriales dentro de los lí­mites de las normas de la OCM.

    Privatización y concesiones
    No hubo una reversión general de las privatizaciones, sólo unos pocos casos de rescisión de contratos en el área de servicios públicos (en Argentina, Bolivia, y Brasil) y el uso de tácticas de mano dura por los gobiernos para convencer a las compañí­as privadas de petróleo y gas de aceptar más altos impuestos, tomas de royalties y mayorí­a accionaria del gobierno (tí­picamente, 51%) en joint ventures (en Bolivia, Venezuela y Ecuador). En verdad, aunque el Presidente de Bolivia, Evo Morales, montó su "nacionalización" de la industria de hidrocarburos, la constitución ya estipulaba claramente que los hidrocarburos eran propiedad del estado, lo que en realidad realizó fue una reforma radical de las condiciones contractuales.

    Vale señalar que los cambios fueron aceptados por las grandes compañí­as de petróleo extranjeras que operaban en Bolivia, quizá porque el gobierno podí­a tener bases para anular de plano sus contratos, sobre todo porque no habí­an sido aprobados por el congreso y, por tanto, eran inconstitucionales. Ecuador invalidó un contrato con una compañí­a petrolera sobre la base que habí­a violado sus términos; el gobierno de EU se puso del lado de la compañí­a y declaró que era una cuestión de estado, pero no fue más allá que suspender las conversaciones sobre comercio con Ecuador.

    Lo más cerca que estuvo alguno a una reversión de la polí­tica de privatización (es decir, más allá de la retórica) ha sido la creación de Argentina de una nueva firma estatal de energí­a: Energí­a Argentina Sociedad Anónima (Enarsa), para dedicarse a la explotación de petróleo y gas, a la par que la privatizada Yacimientos Petrolí­feros Fiscales (ahora Repsol-YPF) y otras firmas privadas.

    El estado es propietario del 53% de Enarsa, 12% las provincias, con el restante 35% negociable en el mercado de valores. Se involucró en joint ventures con otras compañí­as petroleras estatales sudamericanas, en el espí­ritu de la iniciativa Petrosur, de Venezuela.

    El sector financiero
    No hubo avances para nacionalizar el sector bancario o para reducir los variados grados de independencia o autonomí­a otorgados a los bancos centrales (un rasgo del menú neoliberal). Argentina ha restaurado el rol que su banco central tení­a antes que fuera transformado en una junta monetaria bajo la polí­tica de la "convertibilidad" de la era Menem (que puso sobre el estado la obligación legal de cambiar a la par pesos por dólares de EU). Como señalamos antes, la formal dolarización, total o parcial (no un rasgo estándar del menú neoliberal) sólo encontró tres interesados en la región.

    FMI y las polí­ticas internas
    Argentina, usualmente descrita como recurriendo a polí­ticas "no ortodoxas" -como el congelamiento de los depósitos bancarios y las tasas de servicios, los controles de precios, el mayor default registrado en la deuda soberana- para salir de su recesión de 2001, anunció en diciembre de 2005 que cancelaba su deuda con el FMI y se abstení­a de nuevos acuerdos. Brasil ya habí­a hecho lo mismo. Bolivia dejó que su último acuerdo standby con el FMI expirara en marzo de 2006. Ecuador anunció su pago final y el fin de sus lazos en enero de 2007.

    Mark Weisbrot, el economista que describió al FMI como siendo la "cabeza del cartel de acreedores" y el "guardián" de los prestadores internacionales, dice de esta serie de rupturas con el FMI: "Aunque ha recibido poca atención en los medios, el colapso del cartel de acreedores liderado por el FMI es en sí­ mismo, probablemente, el cambio más importante en el sistema financiero internacional desde el fin del sistema de tasas fijas de cambio de Breton Woods en 1973. Eso es especialmente cierto para paí­ses en desarrollo."

    Aludí­a principalmente a la pérdida del FMI de la capacidad de dictar polí­ticas económicas. Como probó Argentina, era más tigre de papel de lo que muchos imaginaban. Pero la nueva situación tiene otro aspecto: algunos de los enfoques de polí­tica forzados a sus clientes latinoamericanos por el FMI (como superávit primario por encima de los requeridos a los paí­ses desarrollados, y el uso liberal de altas tasas de interés para aplacar los signos de presiones inflacionarias) en realidad, por el contrario, fueron retenidos por gobiernos "anti-neoliberales", y por otros no explí­citamente o de ninguna manera en ese campo. Incluso Evo Morales se declaró convencido de las virtudes de la estabilidad macroeconómica, que se ha vuelto un slogan de ese enfoque hacia la inflación.

    Gobierno encogido o activo
    Como se ha visto, fueron sólo unos pocos gobiernos latinoamericanos -con Argentina bajo Menem a la vanguardia- los que tomaron las recomendaciones para reducir el estado en serio, o al menos sacarlo de la actividad económica. Las empresas que proveí­an sustancial ganancias e ingresos fiscales de la exportación, fueron retenidas firmemente en manos del estado, incluso en aquellos alumnos modelos del neoliberalismo, como Chile y México.

    Lo que emergió claramente en la mayor parte de América Latina es la exigencia de un estado enérgico y activo, al menos como fuerte regulador y corrector de las distorsiones del mercado. Venezuela, bajo Hugo Chávez propone más que eso: una expansión del rol del estado como actor dominante en sectores "estratégicos" de la economí­a. Evo Morales, de Bolivia, está persuadido de lo mismo, y Rafael Correa, de Ecuador, sólo menos enfáticamente. El modelo que ellos parecen imaginar es similar al de una economí­a mixta, que prevaleció en el periodo posterior a la Guerra Mundial II, de industrialización con sustitución de importaciones, aunque tení­a una participación privada más pesada.

  • Consenso de Santiago II revela cambio de ánimo

    11 September 2007 Hits: 4

    Cuando el Foro Económico Mundial/América Latina se reunió en Santiago en abril de 2007, sondeó a los participantes sobre sus 10 altas prioridades en polí­ticas para la región. El resultado sugiere que el ánimo prevaleciente en cí­rculos polí­ticos se ha extendido a la comunidad empresarial, una vez enamorada con las reformas. El menú que eligieron está más cerca de los consensos de Santiago y Buenos Aires que del neoliberal.

    Los resultados del sondeo han sido llamados el nuevo Consenso de Santiago. De hecho, tiene más derecho al término consenso que el de Washington y Santiago: el primero, de un economista que asumió que ese era el consenso prevaleciente a fines de los '80, el segundo fue lo que algunos economistas inferí­an de la Declaración de Santiago. Este de ahora emerge de una consulta directa de un universo bastante bien definido.

    Quizá el rasgo más destacado del Segundo Consenso de Santiago es la aparición de la recaudación impositiva eficiente al tope de la lista (ver recuadro abajo), apoyada por 60% de los sondeados. El Foro buscó encubrirlo en parte infiriendo que los sondeados estaban exigiendo que el sector informal pague impuestos, aunque eso choca con el bajo rating de la propuesta que especí­ficamente se referí­a al sector informal.

    El fortalecimiento de las instituciones, seleccionado por 56% de los sondeados, coincide con el énfasis de los teóricos del primer Consenso de Santiago y el Consenso de Buenos Aires: refleja una exigencia de un estado intervencionista, más enérgico, contra un estado minimalista del paquete neoliberal original. El libre comercio no figura entre las 10 altas prioridades, tampoco una mayor protección de la propiedad intelectual (una exigencia constante de EU en las conversaciones sobre comercio), ni mayor liberalización del flujo de capitales o el otorgar mayor independencia a los bancos centrales.

    Consenso de Santiago II: las 10 prioridades más altas
        

    Rating*
    Eficiente recaudación impositiva y transparencia en el gasto 60
    Fortalecimiento de las instituciones 56
    Más inversión en educación con el foco en la calidad 90
    Esfuerzo coordinado, concentrado en luchar contra el crimen y la corrupción 56
    Más inversión privada y pública en infraestructura 60
    Reformas que mejoren el trabajo y la productividad del capital 54
    Más inversión pública y privada en IyD 63
    Polí­ticas medioambientales sustentables 65
    Apuntar a la reducción de la pobreza y mí­nima red de seguridad social 46
    Mejoramiento equilibrado en la flexibilidad de los mercados de trabajo 46
    *% of participants selecting items as one of their top 10 priorities for the region.

    Más bajo en la escala

    Rating*
    Presupuesto balanceado y polí­tica contrací­clica 40
    Mayor aliento y promoción del libre comercio 37
    Mayor independencia del banco central  29
    Reducir la informalidad y promover trabajo decente 21
     Protección más estricta de la propiedad intelectual 19
    Mayor cooperación regional en energí­a  19
    Mayor liberalización de transacciones de capital entre fronteras  15
    Fuente: FEM/AL.
  • EL ESCENARIO 'POST-NEOLIBERAL (II)

    11 September 2007 Hits: 4

    Hubo abundancia de crí­ticas y oposición al neoliberalismo por algún tiempo y, en términos de discurso polí­tico eso ganó influencia en años recientes. Pero hasta ahora, no dio como resultado el abandono de todo el paquete neoliberal. Pero, ¿eso ha engendrado una exhaustiva alternativa que podrí­a hallar interesados?

    La iniciativa de Hugo Chávez , Alba, dice en su nombre que es una "alternativa" -inicialmente al ALCA, más tarde al neoliberalismo en su conjunto. Chávez , y todos los que se le unieron en Alba, son presentados por EU como "populistas radicales" o una inaceptable especie de gobiernos latinoamericanos izquierdistas, en contraposición de gobernantes de izquierda aceptables, como Lula da Silva de Brasil, o Michelle Bachelet de Chile, que llegaron al poder desafiando al menos algunos de los defectos del paquete neoliberal original.

    Juntos, han sido presentados ampliamente como representando un "giro a la izquierda" regional. El escritor polí­tico Takis Fotopoulos dice que mucho de lo que ha sido visto como un giro a la izquierda en América Latina es un "tardí­o auge de regí­menes social-liberales en el poder, que pasan por regí­menes de 'izquierda' y que capitalizan la consternación popular sobre la globalización capitalista neoliberal." La extrema izquierda los culpa de no cumplir sus programas. Las crí­ticas sirven para calibrar hasta dónde son vistos representando una alternativa al neoliberalismo. El académico marxista James Petras enumera sus principales falencias como sigue:

    ++ Ninguna aplica polí­ticas redistributivas.

    ++ Muchos han aplicado polí­ticas presupuestarias regresivas, subsidiando a las grandes empresas y reduciendo el gasto en polí­ticas sociales.

    ++ Se han aplicado programas de austeridad clasista-selectiva que perjudican a los receptores de salarios mí­nimos y empleados públicos de bajos salarios en la salud y la educación.

    ++ Las privatizaciones -legales e ilegales- se han extendido y profundizado, incluso los sectores lucrativos de propiedad pública de minerí­a y energí­a.

    ++ Los inversionistas han recibido acceso privilegiado a los mercados locales, mano de obra barata y han privatizado empresas y bancos.

    Petras no deja de lado a Venezuela y Bolivia que, él dice, "no han abolido gran parte de los elementos esenciales de la producción capitalista, como ganancias privadas, propiedad extranjera, repatriación de ganancias, acceso al mercado o la provisión de gas, energí­a u otros bienes primarios, tampoco declararon ilegales las futuras inversiones extranjeras." En su opinión, compartida por muchos que están cerca del centro del espectro polí­tico, lo que Venezuela y Bolivia están haciendo es modernizar y actualizar a los estándares mundiales actuales las relaciones entre estados productores de petróleo y las compañí­as de petróleo y gas. Y agrega: "Esas regulaciones y reformas propuestas pueden incrementar las reservas y la influencia del estado pero ninguno […] incluye una transformación revolucionaria de la propiedad o las relaciones sociales de producción."

    El "modelo" venezolano
    El ex presidente de Pdvsa (2002-04) Alí­ Rodrí­guez Araque dijo que la industria petrolera de Venezuela se basa "en tres pilares: capital estatal, capital nacional privado y capital internacional privado." El "socialismo del siglo 21" de Chávez fue definido con base en un endógeno desarrollo, dirigido al bienestar colectivo, con justa distribución de la riqueza y el ingreso; la creación y consolidación de una estructura productiva nacional diversificada, eficiente y autosuficiente, mayor independencia de los centros metropolitanos; y democracia participativa. Los instrumentos para los aspectos sociales son salud y educación subsidiadas, y masiva alfabetización, financiados con los ingresos petroleros de Venezuela.

    Dos rasgos del manejo económico de Chávez se destacan; elevó el crecimiento de la economí­a no-petrolera, y ha fomentado el crecimiento de su sector privado, incrementando su contribución al PBI a un nivel considerablemente más alto que cuando Chávez llegó al poder en 1999.

    El programa "Bolivariano" de Chávez , mientras buscaba el desarrollo endógeno en el paí­s, ha tenido una gran dimensión internacional, basada principalmente en lo que Chávez llama "cooperación e integración energética", y sus crí­ticos llaman "petro-diplomacia". Como dijimos antes, eso incluye la provisión de combustible a un número de paí­ses bajo términos preferenciales.

    También incluye esquemas de mayor importancia geopolí­tica, como el compromiso de construir refinerí­as petroleras en Nicaragua y Ecuador. La primera ha torpedeado efectivamente una iniciativa mexicana para una refinerí­a centroamericana, pues la planta planeada para Nicaragua tendrá suficiente capacidad para exportar a sus vecinos. Las refinerí­as en Nicaragua y Ecuador estarán localizadas en la costa del Pací­fico, como parte del objetivo a mediano plazo de Venezuela de reorientar gran parte de su petróleo hacia China.

    También parte de su esfuerzo hacia el Pací­fico es el ducto de propósito dual Colombia-Venezuela (siendo su segundo propósito "comprometer" a Colombia en una relación que reducirá el riesgo que Colombia sea usada por EU para una intervención en Venezuela).

    De importancia similar era el esquema del Gasoducto del Sur que tendrí­a la mitad de la extensión de Sudamérica, desde Venezuela, a través de Brasil hasta Argentina, Paraguay y Uruguay. Ese particular esquema parece haber zozobrado por la renuencia de Brasil de ser dependiente del suministro venezolano, después del tropiezo de la nacionalización de Bolivia apoyada por Venezuela. Caracas ha respondido planteando un esquema para evitar a Brasil y embarcar gas natural licuado a Argentina, y uniéndose con Buenos Aires en un plan para iniciar la "industrialización" de los hidrocarburos de Bolivia.

    Esas empresas internacionales, más allá de su rol de diplomacia blanda para proyectar la influencia venezolana, tienen más que ver con el nacionalismo y las aspiraciones de liderazgo regional que con alternativas al neoliberalismo, y menos al capitalismo, del tipo que la extrema izquierda desea.

    Argentina, que en la práctica aplica polí­ticas mucho menos dañinas al paquete "neoliberal" cuando confrontó el desafí­o de salir de una de sus peores crisis económicas, no ha indicado cuáles de esos medios mantendrá como parte de su arsenal de polí­tica económica permanente, tampoco ha producido nada que se parezca a un plan que encarne una alternativa al menú neoliberal. Se debe señalar que Argentina es el único gran paí­s latinoamericano que está cerca de Venezuela, pero no se ha unido a Alba ni ha adoptado el completo discurso "Bolivariano".