Informe Latinoamericano - 14 de octubre de 2003

A la cabeza del mundo en desigualdad

Enfoques 17 February 2004 Modified: 15 October 2003 811 views
El estudio del Banco Mundial examina a fondo los arraigados patrones de desigualdad en la región y enfoca la reforma institucional como respuesta.

América Latina y el Caribe son unas de las regiones del mundo con mayores desigualdades -en ingresos, acceso a servicios básicos, expresión, bienes y oportunidades. Este es el resumen ofrecido por el vice-presidente del Banco Mundial para el área, David de Ferranti, en el estudio difundido el 8 de octubre en ciudad de México. 'Esta desigualdad,' dice de Ferranti, 'retarda el ritmo en la reducción de la pobreza, y socava el proceso de desarrollo.' El estudio identifica sus causas y propone soluciones.

El problema es presentado dramáticamente en Inequality in Latin America and the Caribbean: Breaking with History? El 10% más rico de la población de América Latina y el Caribe, señala, recibe 48% del ingreso total, mientras el 10% más pobre obtiene sólo 1,6%. En los paí­ses industrializados, en contraste, el 10% más rico recibe 29,1%, mientras el 10% más pobre recibe 2,5%. Usando el Indice Gini de desigualdad en la distribución del ingreso y el consumo, el estudio halla que América Latina y el Caribe, desde los años '70 hasta los '90, aparecen cerca de 10 puntos más desigual que Asia, 17,5 puntos más desigual que los 30 paí­ses de la ECDE, y 20,4 puntos más desigual que Europa Oriental.

Uruguay, el paí­s con menor desigualdad en la región, supera en desigualdad al paí­s más desigual de Europa Oriental y de los paí­ses industrializados. En promedio, la desigualdad en los ingresos ha tendido a empeorarse en la región, aunque las experiencias son variadas. Algunos paí­ses relativamente iguales, que incluye a Argentina, Uruguay y Venezuela, han experimentado aumentos en la desigualdad; en Argentina, dramáticamente. En contraste, Brasil, históricamente el paí­s con más desigualdad en la región, experimentó una modesta, pero significativa mejora. México también disfruta de una pequeña mejora.

El factor étnico, dice el estudio, es determinante en las oportunidades y el bienestar en América Latina: los indí­genas y los descendientes de africanos, tienen 'una considerable desventaja respecto a los blancos.' En siete paí­ses examinados (Brasil, Guyana, Guatemala, Bolivia, Chile, México y Perú) el estudio determinó que los indí­genas (hombres y mujeres) ganan entre 35% a 65% menos que los blancos.

En contraste a las duraderas brechas relativas a las diferencias étnicas, América Latina experimentó progresos en reducir las diferencias de sexo en el ingreso y la educación. En la mayor parte de la región, en realidad, las niñas y mujeres jóvenes superan a los niños y varones jóvenes en adquirir educación.

El peso de la historia
El estudio sugiere que la desigual distribución de recursos que hoy caracteriza a la región, tiene hondas raí­ces históricas: sigue el patrón establecido en tratados especí­ficos de la colonización europea en la región. Las elites establecieron, en primer lugar, las instituciones y las polí­ticas que sirvieran a sus intereses. Por ejemplo, la mayorí­a de los paí­ses de la región no lograron altos niveles de educación hasta bien entrado el siglo XX. Los bajos niveles de apoyo a la educación básica contrastan con el generoso financiamiento a las universidades, donde los hijos de la elite se preparaban.

Las instituciones polí­ticas en la región, han sido débiles. Y aunque las transiciones a la democracia produjeron valiosas ganancias, los patrones de influencia permanecen altamente desiguales, con tradiciones de clientelismo y compadraje que permanecen, pese a elecciones locales y nacionales.

Para hacer frente a las hondas raí­ces históricas de la desigualdad en América Latina, y a los poderosos mecanismos económicos, polí­ticos y sociales que lo sustentan, el estudio propone cuatro amplias áreas de acción para que los gobiernos y los grupos de la sociedad civil construyan coaliciones que puedan quebrar este destructivo patrón:

  • Crear instituciones polí­ticas y sociales más abiertas, que permitan que los grupos pobres e históricamente subordinados, como los indí­genas y los descendientes de africanos, participen y tengan poder en la sociedad.
  • Asegurar que las instituciones y las polí­ticas económicas busquen mayor equidad, a través de un sólido manejo macroeconómico e instituciones eficientes para la resolución de crisis, que evite la gran redistribución regresiva que ocurre durante las crisis, y que permita el ahorro en los tiempos buenos para mejorar el acceso a los pobres a redes de seguridad social en tiempos crí­ticos.
  • Elevar el acceso de los pobres a servicios públicos de alta calidad, en especial educación, salud, agua y electricidad, como también acceso a tierras de labranza y servicios rurales necesarios para que los pobres la hagan productiva. Proteger y poner en vigencia los derechos de propiedad a los pobres urbanos.
  • Reformar los programas de transferencia de ingresos para que lleguen a las familias más pobres, incluyendo el uso de medidas que condicionan a la permanencia de los niños en la escuela y asistir a los servicios de salud, para mejorar su capacidad de obtener ingresos durante toda su vida.



Las instituciones son la clave
'La clave para reducir la desigualdad en la región, es la reforma institucional,' dice Guillermo Perry, economista jefe del banco para América Latina y el Caribe y coautor del estudio. 'Para superar la desigualdad que mina sus esfuerzos para salir de la pobreza, los pobres deben ganar influencia en instituciones polí­ticas y sociales, incluidas las instituciones educacionales, de salud y de servicios públicos. Para que puedan obtener esa influencia, esas instituciones deben ser abiertas, transparentes, democráticas, incluyentes -y fuertes.'

El estudio concluye que el éxito en 'romper con la larga historia de desigualdad en América Latina' depende de un 'fuerte liderazgo y amplias coaliciones' para obtener progreso en la primer área de acción, para movilizar 'el accionar polí­tico de progresivos gobierno y los pobres.' Al proseguir con la reforma institucional, permitiendo a los pobres ganar influencia en la toma de decisiones, sugiere que hay más posibilidad que se adopten polí­ticas para reducir la desigualdad.

Se identifican tres áreas donde las reformas especí­ficas tendrí­an más impacto en reducir la desigualdad: instituciones fiscales y financieras, servicios públicos y el 'truncado, elitista estado de bienestar'. Ilustrando lo que pueden lograr, el estudio ofrece medidas especí­ficas de lo que es posible. Por ejemplo, condicionar la transferencia de ingresos al mantenimiento de los niños en la escuela y asistir a los servicios de salud. Al extender el condicionamiento de la transferencia de dinero, el estudio cita ejemplos de programas en marcha en México, Brasil y Nicaragua.

Brasil es el más desigual; México, variado
Puntos señalados en la presentación del estudio por el vicepresidente regional del Banco Mundial, David de Ferranti; el jefe economista Guillermo Perry, el asesor en desarrollo humano, Michael Walton y el consultor Francisco Ferreira.

  • Brasil es el paí­s con más desigualdad en la región, aun cuando sus ingresos fiscales exceden los de México. Gasta más que México, pero la distribución es desigual.
  • México muestra una marcada desigualdad en la distribución de servicios e ingresos, entre los indí­genas y otros grupos, y entre varias partes del paí­s.
  • En los '90, los sectores más pobres de la población en México, Brasil y Chile vieron contraerse sus ingresos. En Brasil, ocurrió en las grandes ciudades; en México, también en áreas rurales, como Chiapas.
  • Nafta ha tenido efectos positivos en la mayor parte de México, pero Chiapas, Guerrero y Oaxaca no se han beneficiado tanto como el resto. Estos tres estados son los más pobres, tienen economí­as basadas en la agricultura, y tienen las más numerosas poblaciones indí­genas.
  • Argentina es el ejemplo perfecto de lo que no hay que hacer si se desea evitar crisis: en vez de ahorrar en los tiempos buenos (1996-99) aumentó sus gastos excesivamente; y cuando llegaron los malos tiempos, perdió su financiamiento y fue incapaz de evitar la crisis.
  • Entre los programas exitosos, Oportunidades, de México ayudó a 4,2m familias a financiar costos de educación y salud. El esquema Bolsa, de Brasil, que subsidia la educación y la salud, ha mostrado resultados prometedores.