Informe Latinoamericano - 16 de marzo de 2005
Maniobra de renuncia de Mesa deja a Bolivia más dividida que antes
Bolivia ha estado oscilando de una crisis a otra desde que el Presidente Carlos Mesa sometió su renuncia al congreso hace más de una semana. Su renuncia fue rechazada unánimemente por el congreso, pero sus términos para retirarla no se cumplieron. En cambio, el líder opositor Evo Morales armó una amplia alianza de manifestantes, mientras Mesa fue forzado a confiar en el apoyo de líderes políticos cuyos partidos fueron barridos en las elecciones municipales del año pasado. Esta semana, Mesa afronta una prueba en el congreso, y el desafío del movimiento sindical, aliado de Morales, mientras calibra la respuesta al llamado a la huelga general.
Mesa jugó la carta de la renuncia esperando que forzara a Morales a terminar con los bloqueos y las protestas promoviendo su versión más nacionalista de la nueva legislación de hidrocarburos. Morales contaba con que Mesa realmente no quería retirarse, y tuvo el voto de sus seguidores para rechazar su renuncia, pero no para apoyar el 'Acuerdo por la Nación' que Mesa buscaba como un mandato explícito.
Ese acuerdo tiene varias provisiones formales. Comprometía a sus firmantes a la rápida aprobación del nuevo proyecto de ley de hidrocarburos que protegería las inversiones sin comprometer la soberanía, y realizar elecciones para gobiernos departamentales y la asamblea constituyente, y el referéndum cobre autonomía regional. Tal como está, eso no agrega nada a lo que ya todos intentan hacer (como el referéndum sobre hidrocarburos del año pasado, la interpretación del gobierno de su primera provisión fue bastante transparente).
También incluye una nueva sustancial provisión: el compromiso de levantar los bloqueos y terminar las protestas. El problema fue que los únicos capaces de proveer resultados, los legisladores del Movimiento al Socialismo (MAS) de Morales, rehusaron firmar. Los que firmaron no tenían medios para lograrlo.
Mesa entonces trató de vencer a Morales en su propio terreno: en las calles. Convocó al público a manifestarse en masa, el 9 de marzo, contra los bloqueos. Hubo reuniones en todas las grandes ciudades, pero la mayor, en La Paz, atrajo sólo a 5.000 personas -incluso después que la administración dio tiempo libre a los empleados para asistir, y la asociación de bancos privados hizo lo mismo.
Morales, por su parte, convocó a una reunión para concertar un 'pacto social'. Un número de viejos rivales enterraron sus diferencias para unirse: Jaime Morales, líder de la Central Obrera Boliviana (COB); Felipe Quispe, el líder Aymara del Movimiento Indígena Pachacuti y de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos (CSUTCB); Roberto de la Cruz, líder de las protestas del año pasado en El Alto; los líderes campesinos Román Loayza y Alejo Véliz; el líder de los mineros Miguel Zubieta; y varios líderes del Movimiento Sin Tierra (MST, campesinos sin tierra).
Esto suena bastante parecido a la lista de los que encabezaron las protestas que forzaron la renuncia del Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. El factor no conocido es si sus bases responderán a un llamado para una repetición de 2003. La primera prueba está programada para el 15 de marzo, la fecha en que la COB convocó a una huelga general.
Mesa se siente bastante sacudido como para amenazar con abandonar su política de no represión, y ordenó a la fiscalía pública que inicie acción contra todas las protestas que afectan derechos de terceros (bloqueos de rutas). Irónicamente, la primera acción de esa clase fue tomada en Santa Cruz, de sentimiento anti-Morales, donde el sindicato de choferes lanzó una protesta pidiendo más protección contra clientes que se quejan por los aumentos de tasas.
Hubo refriegas y docenas de arrestos. No se tomó igual acción contra bloqueos aún instalados en Cochabamba, Chuquisaca, Potosí y El Alto (39 en total, que bloquearon la mayor parte del flujo de carga terrestre del país).
Escalada frustrada
Alentado por el apoyo que su 'pacto social' atrajo, Morales lanzó su peso detrás de un llamado del defensor público Waldo Albarracín y la Asamblea Permanente de Derechos Human os de Bolivia (APDHB, decano de las organizaciones de derechos humanos del país) para realizar el 14 de marzo un 'encuentro nacional' en Cochabamba de organizaciones sociales y políticas para buscar una solución a la crisis.
Inicialmente, el gobierno y líderes del congreso dijeron que asistirían, pero cuando la jerarquía de la Iglesia Católica puso reparos, el gobierno se retiró. El campo fue dejado en gran medida a Morales y sus
aliados.
Luego de reunirse con líderes de los partidos representados en el congreso en los primeros días de la semana, Mesa se sintió confiado como para predecir que, cuando se vote el 15 de marzo, su versión de la ley de hidrocarburos se aprobaría sin problema. Eso es bastante posible (Morales y Quispe cuentan en conjunto con el apoyo de sólo un cuarto de los votos en la cámara baja), pero no es una absoluta certeza.
Un partido, la Nueva Fuerza Republicana (NFR), solicitará a sus legisladores para que reviertan la posición mantenida hasta ahora. El nominalmente más grande Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) está dividido, como lo están el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y Acción Democrática Nacionalista (ADN), con muchos legisladores transfiriendo su lealtad hacia la de sus líderes, que se reinventaron a sí mismos como líderes de las organizaciones ciudadanas que arrasaron en su debut en las elecciones municipales celebradas en diciembre [IL-04-48].
Incluso si la ley es aprobada como lo desea el gobierno, su legitimidad percibida dependerá del grado de apoyo popular a las protestas lideradas por Morales, que aún no se ha probado. Si es bajo -y hay algunos signos de 'fatiga de protestas- entonces Mesa tendrá una chance, toda vez que pueda lograr el levantamiento de los bloqueos sin recurrir a la clase violencia que inclinó la balanza en 2003.
CORRECCION: En la edición de la semana pasada, cuando dijimos que la renuncia del Presidente Mesa había sido sometida el 6 de febrero, obviamente debíamos haber escrito 6 de marzo. Pedimos disculpas por cualquier confusión que eso pudo haber causado.