Informe Latinoamericano - 17 de octubre de 2008 (ISSN 1741-7317)
Sintiéndose firme, Correa desafía a Lula avanzando contra firmas brasileñas
Desbordando confianza luego de su victoria en el referéndum, el Presidente de Ecuador, Rafael Correa ha decidido jugar fuerte, enfrentando a su más grande vecino, Brasil. Está arriesgando bastante: un déficit de energía, la más productiva de las empresas extranjeras operadoras de petróleo, y el paso a través de Ecuador de una carretera de océano a océano. Quizá él tiene la esperanza que ingresará Venezuela si Brasil se retira, o que Brasil cederá para evitar que eso ocurra.
Las fricciones con Brasil comenzaron en setiembre, cuando Correa ordenó al gigante brasileño de la construcción, Odebrecht que abandone Ecuador y, copiando una página del libro de Evo Morales, hizo un gran despliegue enviando al ejército para que tome el control de las instalaciones de Odebrecht. La razón: supuestas irregularidades en varios proyectos y, más seriamente, defectos en la estructura de un complejo hidroeléctrico, que se vio forzado a cerrar a menos de un año de estar en operación.
Como antecedente, enconadamente, estaba la creciente impaciencia de Correa ante la dura actitud adoptada en las negociaciones por la petrolera estatal de Brasil, Petrobrás, sobre la “migración" de su contrato de operación para el Bloque 18 y las concesiones de Palo Azul, a un contrato de servicio.
El 4 de octubre, Correa dijo a las compañías extranjeras que operan en Ecuador que “dejen de jugar con fuego" y comiencen a invertir y a incrementar la producción “o dejar el país". Agregó que la migración del contrato de Petrobrás estaba “tomando mucho tiempo" y que la firma brasileña deberá irse si no finaliza prontamente las negociaciones.
Odebrecht prometió reparar los defectos y cumplir con otras condiciones exigidas por el gobierno, y cuando Lula se reunió con Correa en Manaus, a fines de setiembre, él tuvo la impresión que era posible una “solución favorable". El 8 de octubre, el ministro de petróleo y energía Galo Chiriboga, renunció, aparentemente por razones personales, y Correa designó de inmediato como su sucesor al ministro coordinador se sectores estratégicos, Delis Palacios.
También el 8 de octubre, el nuevo ministro coordinador de sectores estratégicos de Ecuador, Galo Borja, anunció que Odebrecht no podía permanecer en Ecuador, y que el estado prepararía un plan general para reemplazar a la firma en las actividades que estaba emprendiendo. Eso incluye no sólo el defectuoso complejo San Francisco, sino también otras tres plantas hidroeléctricas y un aeropuerto, valuados en conjunto en poco menos de US$700m.
Para Lula, eso colmó el vaso. Ordenó la suspensión por tiempo “indefinido" de un viaje planeado a Ecuador de una misión encabezada por el ministro de transporte Alfredo Nascimento, para discutir una serie de proyectos de infraestructura. Un comunicado oficial expresó que esa decisión se había tomado en respuesta a los “recientes eventos que involucran a compañías brasileñas en ese país, que contrastan con las expectativas de una solución favorable" creadas por las seguridades dadas por Correa a Lula en la reunión en Manaus.
Ocupaba un lugar prominente en la agenda de Nascimento el llamado enlace Manta-Manaus, gran parte del cual incluye la construcción de carreteras en Brasil y Ecuador, interconectadas con otras a Perú, Bolivia y Venezuela. Con Manaus actuando como puerta al Atlántico, este esquema se sumaba a una ambiciosa conexión bi-oceánica. Irónicamente, fue Odebrecht la que había iniciado las tareas sobre el primer ítem de ese complejo, el aeropuerto en Tena, capital de la provincia amazónica ecuatoriana de Napo.
Implícitamente, la decisión de Lula también se relaciona a la amenaza que pende sobre Petrobrás. Hasta entonces, la posición oficial de Brasil era que las tensiones sobre las negociaciones contractuales de la compañía petrolera sólo eran típicas de esa clase de tratos comerciales entre “importantes empresas". En verdad, el 7 de octubre, Lula llegó tan lejos hasta afirmar que los problemas “serán mucho menores una vez que la discusión entre en la esfera de la política." Lula agregó que si era alcanzaba un acuerdo, eso sería muy bueno, pero que si eso no ocurría, “Petrobrás buscará en otras partes y Ecuador buscará otros socios".
La asunción subyacente en Petrobrás parecía haber sido que Ecuador no desearía expulsar a la compañía que conduce los únicos depósitos petroleros que han incrementado su producción en meses recientes.
El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez había estado ansioso por atraer a Correa a su iniciativa Alba, comprometiéndose a construir la más grande refinería petrolera sobre el litoral del Pacífico Sudamericano, e incluso proveer la misma clase de financiamiento de la deuda que se hizo disponible a Argentina. Correa aceptó el primer compromiso, más una serie de otros acuerdos de cooperación que aún deben materializarse, pero declinó la oferta Alba, prefiriendo no volverse muy dependiente de Venezuela. El visible signo de su independencia ha sido su decisión de no considerar la membresía en Alba hasta que los acuerdos definan su naturaleza y objetivos con mayor precisión.
Chávez incluso admitió que Venezuela carece de la ingeniería civil y otras capacidades tecnológicas de Brasil, por tanto, Ecuador tendría que buscar en otras partes por esa clase de aportes, y espera que Venezuela pueda ayudar a pagar ese costo. Aunque puede haber un inconveniente: con los precios mundiales del petróleo cayendo y su factura de importación creciendo, Venezuela podría encontrarse a sí misma más constreñida que antes como un potencial financista.
La pérdida del enlace bi-oceánico no será de gran preocupación inmediata para Correa, pero su gobierno deberá moverse con bastante rapidez para hallar una empresa que reemplace a Odebrecht para reparar la planta hidroeléctrica San Francisco, planeada para proveer cerca de 9% de la electricidad del país. No hacer eso oportunamente, podría hacer retornar a Ecuador al patrón de escasez periódica de energía, que desde hace tiempo aqueja a su economía.
La situación que ha surgido entre Ecuador y Brasil es
similar a la que se desarrolló entre Brasil y Bolivia luego de la
“nacionalización" del último de la industria petrolera. Debe recordarse que la
confrontación con Bolivia incluyó la expulsión de una firma brasileña de aceros,
aunque no comparable en escala con Odebrecht, las amenazas a Petrobrás (el mayor
inversionista extranjero en Bolivia) y muchas idas y vueltas sobre el precio que
Brasil estaba pagando por el gas boliviano. Venezuela estuvo involucrada en
alentar a Bolivia para asumir una dura posición. Eso toma cierto tiempo, pero
eventualmente Brasil prevaleció y discutiblemente ha emergido en una posición
más fuerte que antes.