Informe Latinoamericano - 22 de Julio de 2010 (ISSN 1741-7317)

Uribe acusado de sabotear el acercamiento de Santos con Venezuela

Primera Plana 23 July 2010 Modified: 30 July 2010 145 views

El 15 de julio, el ministro de defensa de Colombia, Gabriel Silva, exhibió a los medios, a puertas cerradas, lo que afirma que eran evidencias incontrovertibles que altos lí­deres de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) estaban escondidos en Venezuela. Una semana más tarde, su gobierno se preparaba para presentar esas evidencias a la Organización de Estados Americanos (OEA). Mientras tanto, el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez , ha amenazado con cortar completamente los ví­nculos con Colombia y descartó su asistencia a la investidura del Presidente electo Juan Manuel Santos, el 7 de agosto. Esta no es la primera vez que la administración del Presidente Alvaro Uribe ha afirmado que las Farc y el ELN han buscado refugio en Venezuela, de ahí­ que la oportunidad en que se hacen estas revelaciones es más interesante que sus contenidos.

Silva mostró a la prensa fotos y videos e incluso proveyó las coordenadas de un supuesto campamento de Iván Márquez, un miembro del secretariado de las Farc, en la montaña de Perijá cercana a la frontera colombiana. Dijo que la razón para divulgar la información ahora era para mostrar que el deterioro de los lazos con Venezuela se debí­a a su tolerancia de terroristas dentro de su territorio. Dijo que Márquez estaba en Venezuela reunido con otros lí­deres de las Farc en momentos en que él hablaba. Un dí­a más tarde, el gobierno difundió una declaración diciendo que después de “seis años de infructuoso diálogo" en el cual afirmó haber probado la presencia de guerrillas en Venezuela, mostrarí­a a la OEA el 22 de julio, la evidencia compilada, y cómo fue obtenida.

La respuesta venezolana fue predecible. La cancillerí­a denunció “un patético show" y un “desesperado intento de sabotear la normalización de las relaciones bilaterales". Dijo que cada vez que el gobierno colombiano habí­a producido “evidencia", el gobierno venezolano mostró sistemáticamente que era falsa. El ex vicepresidente de Chávez , José Vicente Rangel, afirmó que eso era “el primer signo de la oposición de Uribe al presidente electo de Colombia". Chávez aprovechó eso. Y criticó a Uribe diciendo que no asistirí­a a la investidura de Santos por temor que Uribe haga algún intento contra su vida, y lo acusó de tratar de “sabotear" los esfuerzos de Santos para llegar a un entendimiento con Venezuela. El elogió la elección de Santos de su ministra de relaciones exteriores, Marí­a Angela Holguí­n, una ex embajadora en Venezuela, de quien dijo “La conozco bien, ella es una amiga".

Chávez estaba en buena compañí­a. Numerosos comentaristas en Colombia también poní­an en duda la oportunidad de las revelaciones de Uribe, que interpretaban como una advertencia a Santos para no avanzar tan rápidamente con cualquier proceso de normalización. El ex presidente Ernesto Samper (1994-1998) fue especialmente crí­tico, acusando a Uribe de desbaratar los esfuerzos de Santos para mejorar las relaciones bilaterales debido a que él difiere de su polí­tica de confrontación. Otros argumentan que, lejos de complicar las cosas para Santos, Uribe de hecho lo estaba ayudando proveyendo evidencia detallada de la presencia de las Farc en Venezuela para evitarle a él tener que hacerlo.

Ambos argumentos parecen plausibles. Santos se reunió con Uribe el 20 de julio en Bogotá. El salió de la reunión diciendo que él tiene un “lazo indisoluble" con Uribe: el amor por el paí­s. Santos siempre ha ensalzado los logros de Uribe en el mejoramiento de la seguridad en Colombia y en ese sentido, él comparte los mismos objetivos que Uribe. Pero, una mirada a las acciones de Santos en otras arenas, muestra que ellos tienen enfoques y estilos muy diferentes para alcanzar sus objetivos.

Uribe, no hay que olvidar, fue reacio a retirarse luego de dos mandatos por temor que su sucesor no pudiese mantener sus objetivos de seguridad, y él está decidido a ver que su legado sobrevive intacto. Santos ha dejado en claro que el éxito de Uribe en el campo de la seguridad significa que él podrá concentrarse en otras áreas, sobre todo en el desarrollo económico [IL-10-28]. Eso requiere que prevalezca el pragmatismo en las relaciones con Venezuela, donde el comercio ha caí­do en picada desde que Chávez “congeló" las relaciones el año pasado, y con Ecuador, y explica porqué Santos invitó a Chávez y al Presidente Rafael Correa a su investidura. Uribe criticó indirectamente a Santos por eso, diciendo que la polí­tica exterior de Colombia hacia Venezuela no debí­a ser “superficial o basarse en las apariencias". El repitió esa lí­nea en un discurso ante el nuevo congreso el 20 de julio. “Usted no puede albergar a criminales y hablar seriamente acerca de la hermandad," dijo, agregando premeditadamente que “hay un largo camino por recorrer para consolidar la seguridad".

Eso sugiere que Uribe está preocupado que Santos es muy conciliador. Eso es verdad, a nivel interno como también internacional. Santos ofreció el ministerio de agricultura a Gustavo Petro, el lí­der del izquierdista Polo Democrático Alternativo (PDA), un hombre al cual Uribe ridiculizó como un “terrorista con traje", aunque Petro no aceptó la invitación. Santos logró atraer a Germán Vargas Lleras, de Cambio Radical (CR), al que Uribe habí­a aislado. Ninguno de los nombramientos del gabinete hasta ahora tiene la aquiescencia de Uribe, y su eventual elección del ministro de agricultura, Juan Camilo Restrepo, que aunque no fue tan difí­cil de tragar para Uribe como lo fue Petro, era un crí­tico del gobierno.

Santos no necesita que le recuerden la presencia de las Farc en Venezuela: el fue uno de los primeros en denunciarla públicamente como columnista en el diario El Tiempo, y tení­a acceso pleno a inteligencia sobre la materia como ministro de defensa, pero como ha demostrado al invitar a Petro a unirse a su gobierno, él es por sobre todo, pragmático. Este es un matiz crucial. Mientras que Uribe ve la resolución de la cuestión de seguridad con Venezuela como una cuestión de honor y un prerrequisito para normalizar las relaciones, Santos claramente siente que las relaciones necesitan ser mejoradas, con los beneficios concomitantes para el comercio, antes que la cuestión de la seguridad pueda ser resuelta. Poner a Chávez en una esquina no ha producido, ni producirá resultados.

En marzo de 2008 el gobierno colombiano presentó a la ONU y la OEA evidencia de supuestos “acuerdos" entre las Farc y los gobiernos de Venezuela y Ecuador. No pasó nada. A menos que sean presentadas alarmantes revelaciones nuevas a la OEA (reunidas de acuerdo con Silva durante los últimos dos meses) es difí­cil ver qué espera ganar Colombia en esta ocasión. El hecho que se ve forzado a manejar sus relaciones con Venezuela de esta manera es sintomático del deterioro de los canales diplomáticos, que Santos parece preferir la reparación más que continuar con la diplomacia del megáfono de Chávez y Uribe. “ ¿Por qué no reanudar el diálogo para que podamos resolver el problema de los terroristas en Venezuela?" preguntó retóricamente esta semana.

Santos ahora se embarcará en una gira  por América Latina, que lo llevará a México, Panamá, Costa Rica, Chile, Argentina, Perú y La Española (Haití­ y República Dominicana), para tratar de romper el aislamiento regional de Colombia. En Chile, al menos, él tendrá un aliado más que Uribe. El senado de Chile aprobó esta semana una resolución pidiendo vigilancia internacional para asegurar la transparencia en las elecciones legislativas de Venezuela el 26 de setiembre, y designó un equipo de senadores para actuar como observadores electorales. Chávez los acusó de “interferencia", calificándolos de usar el estilo de los golpistas de los '70, y dijo que no se les permitirí­a la entrada.

  • La presentación ante la OEA

El embajador de Ecuador en la OEA, Francisco Proaño, que está sirviendo como presidente del consejo permanente, renunció en ví­speras de la presentación del gobierno colombiano de su evidencia contra Venezuela el 22 de julio. Proaño dijo que él habí­a enfrentado “un dilema muy serio": por un lado, su gobierno le urgió que cancele o posponga la sesión extraordinaria, sobre la cual el debí­a presidir y moderar, mientras que por otro lado, su posición como presidente del consejo permanente requerí­a de él que la convoque. El embajador de El Salvador, Joaquí­n Meza, presidirá ahora la sesión.