Informe Especial - Septiembre de 2007 (ISSN# 1741-7309)
EL ESCENARIO 'POST-NEOLIBERAL' (I)
Un número de gobiernos latinoamericanos actuales han renegado de modo explícito del neoliberalismo o han obtenido poder criticándolo. Lo que aún no está claro es hasta dónde ellos intentarán revertir las reformas que han sido identificadas con el neoliberalismo. Hasta ahora, la tendencia general no ha ido muy lejos en esa dirección.
Liberalización del comercio
El avance hacia una mayor liberalización comercial ha continuado, aunque no por
entero con el alcance previsto por el ALCA. El Tratado de Libre Comercio
Centroamérica-República Dominicana (Cafta-DR) -una denominación en la cual el
nombre del socio mayor, EU, está ausente- fue firmado en 2004 y ha sido
ratificado por todos los firmantes, salvo Costa Rica (realizará un referéndum
para la ratificación en octubre). En América del Sur, Colombia y Perú han
firmado tratados de libre comercio con EU, aunque irónicamente es EU el que
retiene la ratificación. Ecuador y Bolivia fueron dejados fuera de las
negociaciones por Washington.
El comercio administrado continúa siendo practicado por Brasil y Argentina, y está implícito en los acuerdos de Venezuela con sus socios en Alba (que además prevé la posibilidad de "comercio compensado", que significa sin usar moneda). En esa área, más que renuncia a la liberalización comercial, hubo una clara disminución de las iniciativas de mayor liberalización.
Pese a la fuerte retórica hubo necesidad de reintroducir una política industrial, que no tomó la forma de un retorno al proteccionismo de otros tiempos; en general, los gobiernos han sido cuidadosos en mantener sus incentivos industriales dentro de los límites de las normas de la OCM.
Privatización y concesiones
No hubo una reversión general de las privatizaciones, sólo unos pocos casos de
rescisión de contratos en el área de servicios públicos (en Argentina,
Bolivia, y Brasil) y el uso de tácticas de mano dura por los gobiernos para
convencer a las compañías privadas de petróleo y gas de aceptar más altos
impuestos, tomas de royalties y mayoría accionaria del gobierno (típicamente,
51%) en joint ventures (en Bolivia, Venezuela y Ecuador). En verdad, aunque el
Presidente de Bolivia, Evo Morales, montó su "nacionalización" de la
industria de hidrocarburos, la constitución ya estipulaba claramente que los
hidrocarburos eran propiedad del estado, lo que en realidad realizó fue una
reforma radical de las condiciones contractuales.
Vale señalar que los cambios fueron aceptados por las grandes compañías de petróleo extranjeras que operaban en Bolivia, quizá porque el gobierno podía tener bases para anular de plano sus contratos, sobre todo porque no habían sido aprobados por el congreso y, por tanto, eran inconstitucionales. Ecuador invalidó un contrato con una compañía petrolera sobre la base que había violado sus términos; el gobierno de EU se puso del lado de la compañía y declaró que era una cuestión de estado, pero no fue más allá que suspender las conversaciones sobre comercio con Ecuador.
Lo más cerca que estuvo alguno a una reversión de la política de privatización (es decir, más allá de la retórica) ha sido la creación de Argentina de una nueva firma estatal de energía: Energía Argentina Sociedad Anónima (Enarsa), para dedicarse a la explotación de petróleo y gas, a la par que la privatizada Yacimientos Petrolíferos Fiscales (ahora Repsol-YPF) y otras firmas privadas.
El estado es propietario del 53% de Enarsa, 12% las provincias, con el restante 35% negociable en el mercado de valores. Se involucró en joint ventures con otras compañías petroleras estatales sudamericanas, en el espíritu de la iniciativa Petrosur, de Venezuela.
El sector financiero
No hubo avances para nacionalizar el sector bancario o para reducir los variados
grados de independencia o autonomía otorgados a los bancos centrales (un rasgo
del menú neoliberal). Argentina ha restaurado el rol que su banco central
tenía antes que fuera transformado en una junta monetaria bajo la política de
la "convertibilidad" de la era Menem (que puso sobre el estado la
obligación legal de cambiar a la par pesos por dólares de EU). Como señalamos
antes, la formal dolarización, total o parcial (no un rasgo estándar del menú
neoliberal) sólo encontró tres interesados en la región.
FMI y las políticas internas
Argentina, usualmente descrita como recurriendo a políticas "no ortodoxas"
-como el congelamiento de los depósitos bancarios y las tasas de servicios, los
controles de precios, el mayor default registrado en la deuda soberana- para
salir de su recesión de 2001, anunció en diciembre de 2005 que cancelaba su
deuda con el FMI y se abstenía de nuevos acuerdos. Brasil ya había hecho lo
mismo. Bolivia dejó que su último acuerdo standby con el FMI expirara en marzo
de 2006. Ecuador anunció su pago final y el fin de sus lazos en enero de 2007.
Mark Weisbrot, el economista que describió al FMI como siendo la "cabeza del cartel de acreedores" y el "guardián" de los prestadores internacionales, dice de esta serie de rupturas con el FMI: "Aunque ha recibido poca atención en los medios, el colapso del cartel de acreedores liderado por el FMI es en sí mismo, probablemente, el cambio más importante en el sistema financiero internacional desde el fin del sistema de tasas fijas de cambio de Breton Woods en 1973. Eso es especialmente cierto para países en desarrollo."
Aludía principalmente a la pérdida del FMI de la capacidad de dictar políticas económicas. Como probó Argentina, era más tigre de papel de lo que muchos imaginaban. Pero la nueva situación tiene otro aspecto: algunos de los enfoques de política forzados a sus clientes latinoamericanos por el FMI (como superávit primario por encima de los requeridos a los países desarrollados, y el uso liberal de altas tasas de interés para aplacar los signos de presiones inflacionarias) en realidad, por el contrario, fueron retenidos por gobiernos "anti-neoliberales", y por otros no explícitamente o de ninguna manera en ese campo. Incluso Evo Morales se declaró convencido de las virtudes de la estabilidad macroeconómica, que se ha vuelto un slogan de ese enfoque hacia la inflación.
Gobierno encogido o activo
Como se ha visto, fueron sólo unos pocos gobiernos latinoamericanos -con
Argentina bajo Menem a la vanguardia- los que tomaron las recomendaciones para
reducir el estado en serio, o al menos sacarlo de la actividad económica. Las
empresas que proveían sustancial ganancias e ingresos fiscales de la
exportación, fueron retenidas firmemente en manos del estado, incluso en
aquellos alumnos modelos del neoliberalismo, como Chile y México.
Lo que emergió claramente en la mayor parte de América Latina es la exigencia de un estado enérgico y activo, al menos como fuerte regulador y corrector de las distorsiones del mercado. Venezuela, bajo Hugo Chávez propone más que eso: una expansión del rol del estado como actor dominante en sectores "estratégicos" de la economía. Evo Morales, de Bolivia, está persuadido de lo mismo, y Rafael Correa, de Ecuador, sólo menos enfáticamente. El modelo que ellos parecen imaginar es similar al de una economía mixta, que prevaleció en el periodo posterior a la Guerra Mundial II, de industrialización con sustitución de importaciones, aunque tenía una participación privada más pesada.