Informe Latinoamericano – 22 de agosto de 2013 (ISSN 1741-7317) (IL-13-33)

Correa toma gran riesgo al cancelar Yasuní

Primera Plana by LatinNews 27 August 2013 425 views

El Presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha tomado varias apuestas desde que llegó al poder en el 2007 –pero ninguna tan grande como ahora. Correa firmó un decreto ejecutivo el 15 de agosto allanando el camino para la explotación del petróleo contenido en el parque nacional Yasuní. Él culpó “al mundo” por no respaldar la innovadora propuesta de su gobierno de pagar a Ecuador por dejar su petróleo sin explotar, aunque en verdad él ya desde hace tiempo se había separado de los “izquierdistas infantiles” con quienes él co-fundó la gobernante Alianza País (AP), y se alejó del espíritu de la Pachamama infundido en su constitución. Él ha adoptado la línea de que las industrias extractivas estimularan el desarrollo de Ecuador aún más que sus antepasados neoliberales. Sin embargo, Yasuní, era el último reducto, una fuente de orgullo nacional cultivada por su gobierno. Los grupos indígenas y una debilitada oposición, ahora tienen un punto de coincidencia para sus protestas.

El proyecto Yasuní Ishpingo-Tambococha-Tiputini (ITT) pedía a la comunidad internacional que desembolse US$3,6mm en un fondo fiduciario administrado por el Programa para el Desarrollo de la ONU (PNUD) para dejar sin explotar los depósitos de petróleo en la reserva de biosfera de Yasuní, que se cree que contiene unos 920m barriles de crudo, o el 20% de las reservas totales de Ecuador. Cuando fue lanzada hace seis años, fue considerada como la iniciativa insignia, dentro de un nuevo modelo de desarrollo para Ecuador. El núcleo de ambientalistas de izquierda de la AP afirmó que era “más que un proyecto político; un cambio en la forma de vida”, pero el Presidente Correa nunca se sintió cómodo con la misma: él denunció las “inaceptables condiciones” impuestas por los potenciales países donantes; se enfrentó con ministros quienes “negociaron la soberanía nacional de Ecuador” y constantemente amenazó con perforar.

Podría alegarse que esta simplemente fue una fuerte táctica de negociación, excepto que Correa empleaba con frecuencia creciente su eslogan: “No podemos ser mendigos sentados sobre una bolsa de oro”, para justificar sus proyectos de petróleo, gas, y mineros. También denigraba a los “indígenas fundamentalistas” quienes citaban, entre otras cosas, “los derechos de la naturaleza” consagrados en la constitución para objetar los proyectos extractivos.

Correa sostuvo que él se había visto forzado a poner fin a la iniciativa y “liquidar” el fondo, debido a que solamente había acumulado US$13m en donaciones reales en seis años y US$116m en futuros compromisos. El gobierno había acordado esperar el doble del tiempo para alcanzar los US$3,6mm. Correa tiene un punto válido en que es injusto esperar que los países más pequeños, más pobres, y menos desarrollados, que necesitan el dinero para combatir la pobreza y elevar los estándares de vida, preserven su medioambiente intacto para salvar al planeta, cuando países más grandes, más ricos, y más desarrollados ya han destruido gran parte de su propio medioambiente y son responsables por la mayor parte de las emisiones de carbono. Él también ciertamente está casi en lo correcto en su predicción de que el total de los US$3,6mm no se hubiera alcanzado. Pero, es muy fácil cargar la culpa al mundo por haberle fallado al Ecuador. Es necesario considerar porqué, para citar a Correa, él no asumió “la corresponsabilidad ante el cambio climático”.

La equívoca posición de Correa sobre Yasuní; su beligerante política exterior; su sistemática acumulación de poder, especialmente sobre la justicia, con el pretexto de expandir la participación democrática; su default sobre la ‘deuda ilegítima’ en el 2008 y su movida para poner fin a los tratados bilaterales de inversión, todo ello ha planteado dudas acerca de si él honraría su compromiso de no explotar el petróleo, especialmente debido a que Correa se resistía a cualquier restricción sobre cómo debían gastarse los fondos. Por ejemplo, ¿había suficientes salvaguardas vigentes para impedir que Correa se apropie del dinero, reúna suficiente poder de gasto para asegurar la reelección por tiempo indefinido y luego explotar el petróleo en una etapa posterior? Si los precios del petróleo se incrementan, como es probable que ocurra, el incluso podría alegar que los US$3,6mm ya no eran suficientes para dejar Yasuní sin explotar.

En un discurso a la nación, transmitido por la TV el 15 de agosto, Correa urgió a la juventud de Ecuador que no se deje “manipular” por ambientalistas izquierdistas. Él alegó que “el mayor error es subordinar los derechos humanos a los aparentes derechos naturales”. Su afirmación de que las perforaciones sólo afectarían el 0,1% del parque (comenzando en Tiputini, que está principalmente fuera del parque), y generará US$18mm, fue por sí misma poco ingeniosa. Él es lo suficientemente políticamente para no anunciar planes para explotar el parque por entero desde el inicio pero una vez aprobado, esta área inevitablemente se expandirá con el tiempo, con nuevas carreteras abriendo el parque al talado ilegal y la bio-prospección.

También existe el riesgo de derrames de petróleo. Las repercusiones legales de un enorme derrame por Texaco en la Amazonía, un derrame que Correa condenó esta semana como “cinco o seis veces peor” que el del Golfo de México en el 2010, y que aún se sigue palpando 40 años más tarde. La petrolera estatal, Petroecuador, difícilmente tiene un record de seguridad ejemplar. El pasado junio, admitió que un oleoducto había perdido 420.000 galones de petróleo después de un desprendimiento de tierra. Correa tuvo que pedir disculpas a Perú “por los problemas que hemos causado” cuando el derrame fluyó a través de la frontera.

La apelación de Correa a “mis queridos jóvenes” fue un claro reconocimiento a la fuerza de la oposición contra la explotación de petróleo en Yasuní. Aunque no solo está confinada a los jóvenes. Las encuestas sugieren que hasta el 90% de los ecuatorianos apoyan la iniciativa de Yasuní. Incluso permitiendo que parte de este apoyo esté dirigido a Correa y no a la iniciativa per se, es obvio porqué Correa prefirió aguardar hasta después de su triunfo electoral en febrero, antes de hacer el anuncio. A finales del año pasado, durante una charla en Londres, Guillaume Long, el ministro del conocimiento y talento humano, dijo que si cualquier presidente quería explotar petróleo en Yasuní tendría que convocar un referéndum, pues era tal la fuerza del apoyo a la iniciativa. Sin embargo, Correa, pese a vincular su compromiso con la participación democrática, optó contra esto y envió su decreto a la Asamblea Nacional para su aprobación (su partido AP convenientemente obtuvo una mayoría en las elecciones).

Correa afirmó que estaría feliz de llamar a un referéndum si los oponentes recolectan las 500.000 o más firmas requeridas, pero rápidamente buscó minimizarlo, diciendo que agregaría otra pregunta proponiendo que solamente los periódicos digitales sean permitidos a fin de ahorrar papel y “evitar que tantos árboles sean cortados” para proveer papel a la prensa escrita. En entrevista en TV él también aventuró, en un desafío a los militantes pro-Yasuní, que la iniciativa podría ser salvada si los subsidios a los combustibles, que valen US$3mm al año, fueran removidos y se agregados al fondo. “Veamos quién acepta esto,” Correa dijo.

La recientemente electa presidenta del movimiento político indígena, Pachakutik (PK), Fanny Campos, tiene una causa política instantánea alrededor de la cual convocar a las divididas organizaciones indígenas de Ecuador, aunque la criminalización de las protestas sociales por el gobierno le presenta un formidable desafío. Sin embargo, ella insistió en que “el jaguar está despertando”. El PK ya ha lanzado una ofensiva en la Asamblea Nacional. El diputado Cléver Jiménez alegó que el Artículo 57 de la constitución establece específicamente que “todos los tipos de actividad extractiva están prohibidas” en áreas donde los pueblos indígenas están viviendo en aislamiento voluntario: esto se aplica a las tribus Tagaeri y Taromenane en Yasuní. No observar esta prohibición, establece el artículo, constituirá “etnocidio”.

  • Olinguito

Por un golpe de real coincidencia, los defensores del Yasuní recibieron un regalo el mismo día en que el Presidente Correa puso fin a la iniciativa que lo protegía: el descubrimiento de una nueva especia de mamífero carnívoro en Ecuador. Bautizado como ‘Olinguito’, está cercanamente relacionado con el Olingo, hallado en otras partes del país, pero es más pequeño, de ahí el diminutivo, y sin una cola prensil. Es imposible saber qué otras especies el parque Yasuní, considerado como uno de los últimos espacios naturales vírgenes del mundo, podría contener. Por ejemplo, se estima que una hectárea del Yasuní contiene más especies de árboles que toda América del Norte combinada.