Si faltaba algo diseñado para irritar lo que se considera políticamente
correcto,
eso fue la reunión, en Asunción , la semana pasada, del Movimiento
Latinoamericano y del Caribe de Niños y Adolescentes Trabajadores. Ellos
estaban decididos a encontrar la forma de esquivar la Convención 138 de
la OIT, que fija la edad mínima de trabajo en 14 años -tanto como deseaban
fortalecer algunas de las provisiones de la Convención 182, que se
ocupa de las variadas formas de la explotación de menores. Su argumento
es que la edad limite los sujeta a una situación doblemente conflictiva: por
un lado deben salir a trabajar porque la pobreza impone la necesidad de
ingresos extras para la familia, mientras por otro lado terminan perseguidos
por las autoridades, que confiscan sus mercaderías y, en el mejor de los
casos, echados de las calles (en el peor sufren violencia que en ocasiones
puede ser fatal).
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