El 2 de octubre, un agente de la Patrulla Fronteriza de EU murió baleado en Arizona –el segundo incidente de esta clase desde la muerte del agente Brian Terry, también en Arizona, en diciembre del 2010. La respuesta fue doble. En el frente de la seguridad, fue ordenado un despliegue de “saturación” en el área de la frontera para hallar al asesino o asesinos. En el frente político, la gobernadora Republicana del estado utilizó el incidente para fustigar a la administración Barack Obama por no haber garantizado la seguridad a lo largo de la frontera. Luego llegó la noticia de que el agente no había sido muerto por extranjeros que cruzaron la frontera, sino por un agente de la misma Patrulla Fronteriza.
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