La Presidenta Dilma Rousseff ha perdido a seis ministros del gabinete desde junio; cinco de ellos forzados a renunciar bajo una nube de corrupción (y uno por desobediencia). La corrupción le cuesta a los votantes brasileños, que pagan impuestos tipo escandinavos a cambio de servicios del nivel del tercer mundo, unos R$85bn (US$48bn) estimados en los ocho años bajo el ex presidente Lula da Silva (2003-2010), de acuerdo con las estimaciones del defensor público. La influyente Federación de Industrias de São Paulo (Fiesp) cita una cifra aun más alta, en unos increíbles US$400bn durante los 10 años pasados, el equivalente a cerca del 2% del PBI por cada año.End of preview - This article contains approximately 946 words.
Subscribers: Log in now to read the full article
Not a Subscriber?
Choose from one of the following options