El Presidente Rafael Correa se jactó de haber provocado una “enfática derrota” a las fuerzas de oposición el 22 de marzo, después que los manifestantes indígenas y sus aliados llegaron a Quito después de una marcha de dos semanas desde la provincia de Zamora Chinchipe en el sudeste [IL-12-11]. Él sostuvo que unos 60.000 simpatizantes de la Alianza País (AP) se congregaron en la capital, ampliamente excediendo en número a los manifestantes, a pesar del apoyo de la “intimidante prensa corrupta y la saqueadora Derecha”. Sin embargo, los organizadores de la marcha insistieron en que su principal objetivo no era, como afirmó Correa, desestabilizar al gobierno, sino en cambio posicionar la cuestión de la minería en el corazón del debate político nacional y dar “una voz” a aquellos que están en desacuerdo con quienes diseñan las políticas del gobierno. Con este criterio, se puede decir que la marcha fue un éxito.End of preview - This article contains approximately 673 words.
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