En junio de este año, el reactor nuclear belga, Doel-3, tuvo que ser cerrado después de que se detectó, durante una inspección regular de las instalaciones, que había miles de fisuras en el recipiente del reactor construido por la (ahora desaparecida) compañía holandesa Rotterdamche Droogdok Maatschappij (RDM). Como resultado, los grupos ambientalistas en Argentina presentaron peticiones formales ante la autoridad reguladora nuclear de Argentina (ARN), pidiendo a la agencia del gobierno que clarifique si RDM había proveído algunas partes, ya sea para Atucha I, que ha estado en operación desde 1974, o Atucha II, actualmente en su última fase de construcción. La ARN aún no ha respondido.
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