Al menos 41 personas murieron después de una explosión en la refinería Amuay en el noroeste de Venezuela temprano el 25 de agosto, provocará un devastador incendio. El gobierno minimizó la severidad del daño, e insistió en que la refinería estaría en funcionamiento de nuevo antes del fin de esta semana. Su reacción delató la preocupación de que el candidato presidencial opositor, Henrique Capriles Radonski, pudiera usar el desastre para tratar de ganar una ventaja política antes de las elecciones del 7 de octubre. Capriles se confinó a exigir una investigación en profundidad y no una encubierta.
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