Es codiciada, tanto por el Presidente Felipe Calderón como su sucesor, Enrique Peña Nieto, pero las perspectivas de que sea aprobada por el congreso para el 1 de diciembre, cuando el último vestirá la banda presidencial, lucen escasas. Esta semana, el senado rechazó los esfuerzos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Peña Nieto por aprobar la modesta reforma laboral que hubiera significado ningún cambio para los sindicatos aliados del partido. Los dos más poderosos antiguos líderes sindicales fueron reelectos el fin de semana, precisamente en la clase de elecciones antidemocráticas de la reforma original propuesta por el Partido Acción Nacional (PAN) del Presidente Calderón, y que diluida por la mayoría liderada por el PRI en la cámara baja, buscaba hacerla ilegal. La votación destaca las dificultades que Peña Nieto podría enfrentar de los intereses arraigados en el PRI para avanzar en su agenda de reformas cuando asuma el poder.
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