La línea oficial fue que los votantes cubanos habían producido una expresión masiva de democracia participativa. Pero, mientras es verdad que cualquier otro gobierno en América Latina estaría envidioso de la participación de 91,9% de votantes, en Cuba eso es una seria decepción. Uno voto atrajo particularmente la atención. El líder espiritual de Cuba, Fidel Castro, depositó su voto, aunque por poder. Él también escribió una punzante refutación, completa con prueba de vida fotográfica, en el autoproclamado vocero del Partido Comunista,
Granma, sobre la especulación en la prensa extranjera que decía que él podría estar muerto o moribundo.
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