“Nicolás, acá está la espada de Bolívar,” dijo el Presidente Hugo Chávez a su canciller, y recientemente designado Vicepresidente, Nicolás Maduro, en una imprevista aparición en la televisión el sábado 8 de diciembre. Esta transferencia del más potente símbolo de poder en la Revolución Bolivariana fue el clímax de un discurso inimitable y confuso que osciló entre un largo preámbulo acerca de las batallas de independencia de Bolívar y Lázaro hasta Fiebre del Sábado por la Noche y John Travolta. Para finalmente expresar su preferencia de quien debería conducir la Revolución adelante, Chávez buscó evitar una guerra de sucesión interna en el caso de que él no logre sobrevivir a un nuevo brote de cáncer, para tratar el cual, dijo él, retornaba a Cuba una vez más.
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