Neoliberalismo significó diferentes cosas a diferentes personas. Los que
la pusieron en práctica prefieren no usar el término y hablan de 'reformas'.
Los que lo criticaron desde el inicio, a menudo le dan significados que no
tenía originalmente, y no se dieron cuenta de sus ajustes en el tiempo; algunos
incluso adoptaron los ajustes en nombre del neoliberalismo, aunque calladamente
retenían los elementos del paquete original.
Neoliberalismo es un término muy general que abarca el paquete de políticas
económicas que rodea las 'recomendaciones' del FMI desde los '80, la década
cuando gran parte de América Latina era golpeada por lo que se dio en llamar la
crisis de la deuda. Ese paquete fue visto ampliamente como encarnado en el
Consenso Washington de 1990, que no era una receta, sino una compilación de
John Williamson del "más bajo denominador común de asesoría política
que era abordado por instituciones con base en Washington para los países de
América Latina en 1989."
Además, como Williamson se quejaba más tarde, el Consenso Washington se
usó como sinónimo del "fundamentalismo de mercado", pese a que -como
dijo una década más tarde- el fundamentalismo de mercado del primer mandato de
Reagan ya había sido suplantado por el retorno de una política económica
racional, y uno podía discernir qué ideas sobrevivirían y cuáles no:
disciplina monetaria pero no monetarismo; reforma fiscal, pero no recorte
fiscal; liberalización comercial pero quizá no completa libertad de
movimientos de capital; desregulación de las barreras de entrada y salida pero
no la supresión de regulaciones destinadas a proteger el medio ambiente.
- El Consenso Washington como fue presentado originalmente por Williamson,
contenía las siguientes políticas:
- Disciplina fiscal.
- Reorientación de las prioridades de gasto público hacia campos que
ofrecen altos retornos económicos y potencial de mejorar la distribución
del ingreso, como servicio primario de salud, educación primaria, e
infraestructura.
- Reforma fiscal (reducir las tasas marginales y ampliar la base impositiva).
- Liberalización de las tasas de interés.
- Tasa de cambio competitiva.
- Liberalización del comercio.
- Liberalización del flujo de la inversión extranjera directa.
- Privatización.
- Desregulación (para abolir barreras de entrada y salida).
- Asegurar los derechos de propiedad.
Más tarde Williamson dijo que el consenso se había equivocado en un punto:
la tasa de cambio competitiva. La mayoría de los economistas de entonces
estaban a favor de una tasa fija o de la libre flotación. Agregó que muchos
economistas, incluido él mismo, tenían reservas sobre la liberalización de
tasas de interés.
Si el Consenso Washington no era una receta, las recomendaciones emitidas por
el FMI sí lo eran. Y el Fondo, como expresó con acierto Mark Weisbrot, del
Centro de Investigación Económica y Política con base en Washington, actuó
como la cabeza o el guardián del cartel de acreedores: "Si un gobierno no
llegaba a un acuerdo con el FMI, no podría obtener préstamos del Banco
Mundial, de bancos regionales como el importante Banco Interamericano de
Desarrollo en su hemisferio, préstamos y ayudas de gobiernos del G-7, y a veces
aun del sector privado." Además, la influencia dominante en el FMI era el
gobierno de EU. Eso "permitió a EU [y a otros países ricos] a operar a
través de una aparentemente multilateral, neutral, tecnocrática institución,
cuando presionaban a gobiernos de países en desarrollo para que privaticen sus
recursos naturales o para obtener enormes superávits primarios para el pago de
la deuda."
Neoliberalismo, por tanto, no significa lo mismo que el Consenso Washington.
Jeffrey Chwieroth, de la London School of Economics, da una escueta definición
del neoliberalismo como "una serie de creencias asociadas con gobiernos
minimalistas y el libre mercado", que propone principalmente la nueva
Economía Clásica, que une varias recetas basadas en la noción que los
problemas económicos son causados por la intervención del gobierno y se
resuelven mejor reduciendo el estado y liberando las fuerzas del mercado. Muchas
de esas recetas podrían fácilmente encajar en la descripción de
fundamentalismo de mercado, que Williamson dice que el Consenso Washington no
encarna.
Decidiendo cómo adoptar
Es muy importante señalar que la adopción del neoliberalismo por los gobiernos
latinoamericanos no fue nada homogéneo, tampoco simultáneo. Por ejemplo,
Chile, citado frecuentemente como ejemplo por los beneficios de la reforma,
comenzó a adoptar partes de lo que más tarde sería llamado neoliberalismo,
con los 'Chicago Boys', a quienes el dictador Augusto Pinochet confió el manejo
de la economía en los '70.
Argentina, bajo Carlos Menem condujo el más radical programa privatizador en
el hemisferio, otros países fueron mucho más selectivos. México, Venezuela,
Colombia, Brasil y Chile mantuvieron sus compañías petroleras en manos del
estado; los primeros tres, para preservar una fuente crucial de ingresos
fiscales, los dos últimos para controlar un área de extrema dependencia
externa. Chile retuvo el control de la corporación estatal del cobre, por la
misma razón que los exportadores de petróleo retuvieron sus compañías
petroleras estatales.
Chile y Colombia fueron cautelosos acerca del libre movimiento de capital,
con frenos destinados a detener el flujo especulativo del dinero caliente de
corto plazo. Eso los protegió de la crisis financiera regional de 1998.
Argentina dolarizó su economía imponiendo al estado la obligación legal de
cambiar pesos a la par del dólar. Ecuador y El Salvador totalmente dolarizados,
Guatemala aceptó el dólar como moneda de curso legal. Nadie más siguió el
ejemplo.
El compromiso con la liberalización comercial también fue desigual. México
(dentro de Nafta) y Chile llegaron lejos, seguidos por Perú. Mercosur retuvo
una medida sustancial de protección externa, y sus socios líderes, Brasil y
Argentina, se comprometieron entusiastamente en el comercio dirigido -particularmente,
pero no exclusivamente, en vehículos automotor.
El Consenso de Santiago
Poco antes de una década después de aparecer el Consenso Washington, se hizo
claro que el paquete neoliberal no proveía lo que prometía, en particular en
el área social. Una serie de reformas de segunda generación fueron ideadas y
presentadas como perfeccionando, no reemplazando el paquete previo.
Los economistas del Banco Mundial, Javed Burki y Guillermo Perry dijeron en
1998 que "la experiencia ha demostrado convincentemente que las políticas
prescriptas por el Consenso Washington valieron la pena [...] y la reasunción
del crecimiento económico en los '90, ha estado estrechamente asociado con la
implementación de muchas de las políticas recomendadas por Washington".
Pero luego reconocieron los defectos:
*Las reformas han producido una declinación en las tasas de pobreza, pero
eso parece más una consecuencia de la declinación en las tasas de inflación y
el modesto crecimiento, que de las consecuencias distributivas del comercio y la
liberalización financiera.
*La reasunción del crecimiento no ha sido acompañada por una fuerte demanda
laboral en el sector formal, en muchos países, ya sea el desempleo formal o el
empleo informal se han incrementado.
*El crecimiento de la exportación se ha concentrado en industrias intensivas
de recursos naturales.
*Las diferencias salariales entre el trabajo calificado y el no calificado
parecen haberse ensanchado. En consecuencia, los problemas de distribución del
ingreso no se solucionaron en muchos países, y se han deteriorado en otros, lo
que ha producido tasas de pobreza que permanecen inaceptablemente altas.
*La inseguridad económica para los pobres y las clases medias, vinculada a
la inseguridad del empleo y la volatilidad del ingreso, ha tendido a elevarse.
La conclusión de los economistas del BM fue que una política
macroeconómica buena no era suficiente, y que las buenas instituciones eran
críticas para la estabilidad macroeconómica en un contexto de integración
financiera global.
De eso emergió el Consenso de Santiago, que no existió como tal de la misma
manera que el Consenso Washington, pero los economistas del BM dijeron que
estaba implícito en la Declaración de Santiago, que surgió de la Cumbre de
las Américas de 1998, celebrada en la capital chilena.
Las políticas y recomendaciones, incluidas en realidad en la Declaración de
Santiago fueron:
*Atención especial a los países y grupos sociales más vulnerables del
hemisferio, para contrarrestar el hecho que la globalización podría agudizar
las diferencias entre países y dentro de las sociedades.
*Alta prioridad a la educación como factor determinante del desarrollo
político, social, cultural, y económico, facilitando el acceso de todos los
habitantes de las Américas a la educación preescolar, primaria, secundaria y
terciaria, y poniendo la ciencia y la tecnología al servicio de la educación.
*Negociación dentro de los cinco años siguientes del Area de Libre Comercio
de las Américas (ALCA), tomando en cuenta las diferencias en los niveles de
desarrollo y de tamaño de las economías en las Américas.
*Fortalecimiento de la supervisión bancaria e introducción de regulaciones
para revelar y difundir información bancaria, a fin de contrarrestar la
volatilidad de los mercados de capital.
*Fortalecimiento de la educación para la democracia y promoción de acciones
necesarias para que las instituciones del gobierno se conviertan en estructuras
más participativas; fortalecimiento de las capacidades de gobiernos regionales
y locales promoviendo mayor participación activa en la sociedad civil.
*Alentar las reformas necesarias para promover la cooperación legal y
judicial, fortalecer las entidades nacionales involucradas en estudiar la
administración de justicia y acelerar el establecimiento de un centro
hemisférico de estudios sobre ese tema.
*A fin de superar la pobreza, mayor apoyo a las micro y pequeñas empresas,
promoción de estándares esenciales de trabajo reconocidos por la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), y el uso de nuevas tecnologías para mejorar
las condiciones de salud de cada familia en las Américas.
Como en el caso del Consenso Washington, éste también se prestó a varias
interpretaciones. El director del BM, James Wolfensohn, que adoptó el término
Consenso de Santiago con entusiasmo, lo redefinió como proponiendo:
*Alta prioridad a la educación, seguida por servicios de salud y luego por
la infraestructura.
*Mejorar los trabajos del sistema de justicia.
*Eliminar las distorsiones causadas en la economía por el delito y las
drogas.
*Consolidar la seguridad civil, no como elemento esencial de teoría
económica, sino como una barrera práctica para su implementación.
*Un sistema financiero funcional.
"Esa," dijo, "no es una lista exhaustiva, pero da un sentido
mucho más completo e integrado al enfoque del desarrollo. Y, por supuesto, debe
incluirse una buena política macroeconómica y de apertura comercial."
El Consenso Buenos Aires, emitido en octubre de 2003, fue fuerte en retórica,
pero incluyó un número de posiciones en políticas:
*Elaborar una agenda de integración regional abordando las necesidades y los
desafíos creados por el proceso de globalización que ha generado modos sin
precedentes de concentración económica. Eso involucra buscar mayor autonomía
en la toma de decisiones para poder enfrentar movimientos desestabilizadores del
capital especulativo y los intereses adversos de bloque más desarrollados.
*Adoptar como principios guías de la integración Sudamericana la búsqueda
de intereses comunes y la introducción de un modelo de desarrollo que una el
crecimiento, la justicia social y la dignidad de los ciudadanos.
*Adoptar políticas públicas dirigidas al crecimiento sostenido y la
equitativa distribución de sus beneficios, adoptando sistemas fiscales e
impositivos más justos.
*Aplicar todas las acciones necesarias para reducir las altas tasas
existentes de desempleo, creando condiciones favorables para el desarrollo de
empresas y la inversión productiva.
*Otorgar absoluta prioridad a la educación, como un instrumento de la
inclusión social.
*Construir una sociedad con información, guiada por los objetivos de
inclusión social, erradicación del hambre y la pobreza, mejoramiento de la
salud y la educación, y el logro del equilibrio económico y el desarrollo
social.
*Adoptar políticas de desarrollo regional que tome en cuenta los fuertes
desequilibrios y desigualdades regionales existentes.
*Establecer como directrices para la administración de la deuda pública, la
creación de empleos y riqueza, protección de los ahorros, reducción de la
pobreza, promoción de la educación y la salud, y el mantenimiento de
políticas de desarrollo sostenido.
*Fortalecimiento de las instituciones del estado, profesionalización de la
administración pública, perfeccionando la eficacia de su rol estratégico.
Aparece Alba
Un par de meses antes que Lula y Kirchner emitieran el Consenso Buenos Aires,
Hugo Chávez , aprovechó la visita que hizo a las oficinas de la Asociación
Latinoamericana de Integración (Aladi), para lanzar una propuesta que en su
opinión podría servir como una alternativa al neoliberalismo, la
globalización, el ALCA y la OCM: la Alternativa Bolivariana para las Américas
(Alba).
"La integración," declaró Chávez , "no es posible bajo el
neoliberalismo; el neoliberalismo es desintegración. América del Sur no puede
integrarse como está esbozado en ALCA. Firmar el ALCA es como firmar un
certificado de muerte; enviaría a nuestros países al Quinto Infierno de
Dante." Dijo que proponía "la unidad en el plano político (también
en el plano económico, pero no se reduce sólo a eso, además, la [unidad]
económica será un proceso más lento) […] Lo que proponemos es una zona
libre de analfabetismo, libre de desnutrición infantil, libre de desempleo,
libre de personas sin un techo."
Dicho eso, Chávez produjo algunas propuestas concretas en el plano
económico:
*Unión de todas las industrias petroleras estatales de la región bajo un
paraguas que se llamará Petrosur o Petroamérica; "una especie de Opep
Sudamericana."
*Conversión del Fondo Latinoamericano de Reservas (Flar) en un fondo
financiero sudamericano, y la creación de un banco sudamericano, el Banco del
Sur, a través de la fusión de la Corporación Andina de Fomento (CAF) con el
Fondo de la Cuenca del Plata (Fonplata) -ambos como medio de liberar a la
región de los dictados del FMI.
*Un debate sudamericano para coordinar el no pago de la deuda externa.
Chávez no encontró interesados de inmediato. La primera adhesión formal a
Alba fue la de Cuba, en 2004. Siguió Bolivia en 2006, y Nicaragua el año
siguiente. Una definición más formal de los objetivos de Alba tomó algo de
tiempo. El acuerdo con Cuba hablaba de cooperación basada en la "solidaridad
[y] el intercambio de bienes y servicios que sean más beneficiosos para las
necesidades económicas y sociales de ambos países", tomando en cuenta
"las asimetrías políticas, sociales, económicas y legales de ambos
países" y previendo "la posibilidad de comercio compensado".
En la práctica, la relación consistía principalmente en que Venezuela
aseguraba a Cuba el suministro de petróleo en términos preferenciales, y Cuba
pagando eso parcialmente con la provisión de servicios en educación y cuidado
de la salud. Los dos países también identificaron una serie de áreas donde
podrían establecer empresas conjuntas.
El estatal Banco de Comercio Exterior (Bancoex) de Venezuela, definió Alba,
a principios de 2005, como una extensión de comercio internacional de los
principios bolivarianos prevalecientes en Venezuela.
Destacaba la oposición de Venezuela a "los procesos de liberalización,
desregulación y privatización que limitaban la capacidad del estado y del
gobierno para diseñar y ejecutar políticas en defensa del derecho de nuestro
pueblo de acceder a servicios esenciales de buena calidad y a buenos precios",
el principio que "los servicios públicos son para satisfacer las
necesidades del pueblo, no para el comercio y ganancia económica [y] por tanto
no pueden ser gobernados por el criterio de ganancias sino por el interés
social", y el compromiso de corregir las llamadas asimetrías entre los
socios de Alba, para lo cual propuso la creación de fondos de compensación de
convergencia estructural.
Venezuela presentó algunas de sus iniciativas "petrodiplomáticas"
como el esquema Petrocaribe, para proveer combustible bajo términos
preferenciales a los países caribeños, la alianza propuesta, Petrosur, de
empresas petroleras estatales, y el Gasoducto del Sur (un esquema de gasoductos
desde Venezuela a través de Brasil hasta Argentina, con ramales a Paraguay y
Uruguay), como parte de las iniciativas Alba, aunque sus socios en ellas, reales
o potenciales, no firmaron como miembros de Alba. Pero como veremos, Chávez ha
ayudado a montar la escena para que otros se deshagan de elementos del paquete
neoliberal.