El gobierno anunció que su distinguido programa social, Bolsa Familia, ha
reducido a la mitad la pobreza extrema en Brasil. Las cifras impresionan, en
especial entre las poblaciones negra y mixta, que son las más afectadas por la
pobreza en Brasil. Sin embargo, aunque las cifras deben celebrarse como un
éxito, los críticos se quejan que las políticas sociales adoptadas por la
administración Lula son inadecuadas para mejorar la calidad de vida en el largo
plazo. Estas, afirman, condenarán a los brasileños de bajos ingresos a una
perpetua dependencia del estado.
Los resultados se anunciaron esta semana, durante la publicación del tercer
informe nacional sobre la meta del milenio, con relación a los objetivos de la
ONU de reducción de la pobreza para 2015. Según el informe, Brasil logró la
meta de la ONU de reducir el porcentaje de la población que vive con menos de
un dólar por día, a menos de 4,4% del total en 2005. Ese año, sólo 4,2% de
los brasileños, unas 7,5m personas, vivían con menos de ese monto. Eso
significa una caída considerable comparada con la tasa de 1990, de 8,8% de la
población. En las poblaciones negra y mixta, los resultados fueron más
impresionantes: una reducción de 7,3 puntos porcentuales en el periodo a 6% de
la población total.
La razón de esos impresionantes resultados en reducir la pobreza fue, sin
duda, el programa social Bolsa Familia, que distribuye dinero a las familias
más pobres a cambio que mantengan a sus hijos en la escuela. Globalmente, el
programa es celebrado como una eficiente vía para reducir rápidamente la
pobreza. Bajo el gobierno del Presidente Lula da Silva, el programa fue ampliado
y ahora llega directamente a uno de cada cuatro de los 190m de brasileños, de
acuerdo con cifras difundidas por el ministerio de desarrollo social, la semana
pasada. La entrega de dinero por el gobierno, también ha reducido
significativamente en años recientes la notoria desigualdad de los ingresos en
Brasil.
El gobierno está tan satisfecho con su éxito, que decidió incrementar en
R$4,7bn (US$2,4bn) el gasto en el presupuesto de la Bolsa Familia, de los
R$11,7bn (US$6bn) actuales, a R$16,5bn (US$8,4bn) anuales el año próximo. Los
nuevos fondos serán asignados para ampliar el alcance del programa a
adolescentes de más de 15 años y el número de familias beneficiadas.
Es difícil criticar las políticas de la administración Lula mirando sólo
las cifras de reducción de la pobreza. Sin embargo, algunos afirman que el
programa hace poco para mejorar, en primer lugar, las condiciones que conducen a
la pobreza. Critican al gobierno en dos frentes: por no mejorar la los
estándares de educación y por elevar el peso impositivo para pagar los
beneficios, dinero que podría ser usado por el sector privado para invertir en
la creación de empleos de alta calificación. La revista Veja argumenta que la
Bolsa Familia lleva a las familias pobres a depender de los beneficios del
estado, en vez de procurar "ascender en la escala social" a través
del estudio y el trabajo intenso.
En verdad, el gobierno abandonó su programa Primer Empleo, que otorgaba
beneficios a empresas que daban empleo a jóvenes pobres, para concentrar el
foco en la Bolsa Familia. Un estudio del Instituto de Pesquisa Econômica
Aplicada del gobierno, apoya las críticas aun más, mostrando que mientras el
ingreso promedio de las familias pobres se incrementó entre 2001 y 2005, 60%
ven sus salarios, en realidad, cayendo en ese periodo. Eso sugiere que mientras
las familias reciben dinero del gobierno, la mayoría de los empleos creados en
Brasil en años recientes fueron de poca calificación y bajos salarios. Además,
un estudio de la Universidade de Minas Gerais, reveló que mientras la
malnutrición cayó, y la tasa de vacunación se elevó, eso tiene poco que ver
con la Bolsa Familia; pues las tasas son similares entre los que se beneficiaron
del programa y aquellos que no.
Un sondeo conducido por la agencia oficial de estadísticas, Ibge, reveló
que más años de estudio podrían llevar a un incremento de cuatro veces más
en los ingresos de la familia. De acuerdo con el Ibge, si el jefe de una
familia brasileña no ha completado una educación superior, el ingreso
familiar promedio es R$752 (US$385) mensuales. Al contrario, si el jefe de
familia ha completado una educación superior, el promedio de ingreso familiar
es de R$3.796 (US$1.946) mensuales. Notablemente, el estudio reveló que 84%
de las familias brasileñas no tiene ningún miembro de su familia con un
grado universitario.