Dos votaciones cruciales tuvieron lugar en Honduras esta semana. La
primera, el 29 de noviembre, otorgó a Pepe Lobo Sosa, el candidato presidencial
por el opositor Partido Nacional (PN), una confortable victoria; la segunda, el
2 de diciembre, mostró al congreso votando categóricamente por no reinstalar al
depuesto presidente Manuel Zelaya antes de la investidura de Lobo el 27 de
enero. La segunda votación ha vuelto muy difícil para la mayoría de los estados
latinoamericanos y para gran parte de la comunidad internacional, aceptar la
legitimidad de la primera.
Lobo derrotó a Elvin Santos, del Partido Liberal (PL) por 56% a 38%, con 6%
yendo a tres candidatos que representaban a partidos pequeños. La composición
del congreso de 128 bancas aún no queda claro pero, dada la amplia victoria de
Lobo, hay una buena chance que el PN asegure la mayoría. Hubo una gran presencia
militar el día de la elección: la única violencia de cierta importancia fue la
acción del ejército para dispersar a manifestantes pacíficos con mangueras de
agua a presión, en la segunda ciudad, San Pedro Sula.
La escala de la victoria de Lobo podría atribuirse a la erosión del apoyo del
público al PL, al que culpan por la crisis política: ambos, Zelaya y el
presidente de facto, Roberto Micheletti, pertenecen al partido. La participación
de los votantes fue más significativa que la dimensión de la victoria para
ayudar a legitimar las elecciones. Con 60% de los votos contados, el tribunal
supremo electoral (TSE) calculaba que la abstención fue sólo de 40% (cuando
Zelaya ganó en 2005, fue de 44%), pero hay cierta duda sobre la precisión de esa
cifra, especialmente por la ausencia de observadores internacionales.
Naturalmente, los Zelayistas dan una cifra mucho más alta: en 60%. Esto es
improbable que pueda clarificarse pronto. El TSE ya ha anunciado que los
resultados finales no serán difundidos hasta el 29 de diciembre.
La segunda votación no fue una sorpresa. Después de 10 horas de debate, el
congreso votó 111 a 14, con tres abstenciones, por no reinstalar a Zelaya por lo
que resta de su término. Los diputados sostuvieron los argumentos presentados en
los informes que recibieron de, entre otros, la corte suprema y la oficina del
fiscal general. Zelaya que había rehusado aceptar una votación sobre su
restitución en el cargo, luego de acusar al gobierno de facto de contravenir los
términos del Acuerdo de Tegucigalpa, dijo que el congreso había “condenado a los
hondureños a vivir fuera de la vigencia de la ley".
El resultado de la votación fue justificado por los diputados sobre bases
ideológicas más que constitucionales; fue basada en la asunción que Zelaya tenía
la intención de convertirse en lo que un diputado describió como un “dictador
democrático" en el molde del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez . Un diputado
que votó por la reinstauración de Zelaya señaló que eso, y por implicancia, no
de una lectura minuciosa de la constitución, fue la verdadera motivación del
golpe del 28 de junio.
El hecho que todos los 55 diputados del PN (y el grueso del PL) votaron por
bloquear el retorno de Zelaya, muestra que Lobo no ejerció su influencia sobre
el partido. El ahora necesita lanzar gestos, si no a la comunidad internacional,
entonces a EU, para ayudar a conferir legitimidad a su mandato. La presión sobre
el congreso para restaurar a Zelaya al poder fue sustancialmente reducida luego
que EU acordó reconocer las elecciones de antemano, pero el Secretario de Estado
Asistente de EU para Asuntos del Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, dijo
luego que “Honduras debe hacer algo más que sólo su elección" para ser
reincorporada al concierto de naciones.
Valenzuela casi ciertamente está exagerando el caso, aunque EU podría usar su
poder de voto para asegurar los préstamos multilaterales, fundamentales para
estimular la economía hondureña, eso podría ser retenido a menos que Lobo haga
una serie de gestos. Es difícil imaginar que un amplio no-reconocimiento pueda
mantenerse por mucho tiempo, igual a lo que ocurre con países con default sobre
la deuda no permanecen como parias internacionales por tiempo indefinido.
En la cumbre Ibero-Americana en Portugal, el 30 y 31 de noviembre, España
dijo que no reconocería las elecciones, pero que tampoco podía ignorarlas -un
oxímoron diseñado para reducir la brecha entre Colombia, Costa Rica, Panamá y
Perú, por un lado, y Brasil y el resto de la región por el otro.
El Presidente de Costa Rica, Oscar Arias, dijo que no podía permitirse que
Honduras se convierta en “la Myanmar de Centroamérica", agregando que “no fue el
error del pueblo hondureño, al que no debe hacerse sufrir". El Presidente de
Brasil, Lula da Silva, insistió que reconociendo las elecciones legitimando el
golpe establecía un precedente negativo. Lula claramente teme que eso pueda
alentar a grupos poderosos a conspirar contra presidentes orientados hacia las
reformas en el futuro. La reaccionaria elite política y empresarial en Honduras,
ciertamente emerge fortalecida de la crisis y, como lo expresó uno de los más
influyentes empresarios del país, Adolfo Facussé: “No nos importa Brasil [...]
Nosotros llegamos a Miami en dos horas, a Brasil, en cambio, demoramos
ocho".
La próxima movida de Lobo
Son esos grupos, y no Lobo, los
principales dueños del poder en Honduras, pero aún hay gestos que Lobo podría
hacer para tratar de ganar apoyo regional e internacional para su gobierno. El
está tocando la melodía apropiada -prometiendo establecer un gobierno de unidad
nacional- aunque no está claro si eso se traducirá en posiciones en el gabinete
para los Zelayistas. El también podría revivir la cláusula del Acuerdo de
Tegucigalpa para establecer una comisión de la verdad en la primera mitad de
2010, para clarificar los eventos de antes y después del 28 de junio.
Lobo necesitará definir el status de Zelaya, que aún está en la embajada de
Brasil en Tegucigalpa. Zelaya rehusó una amnistía bajo el Acuerdo de
Tegucigalpa, pero es improbable que Lobo desee la adversa publicidad de Zelaya
enjuiciado por meses al comienzo de su mandato. En la estela inmediata de las
elecciones, Zelaya dijo que él estaba dispuesto a conversar con Lobo, con quien
él dijo que tenía “una amistad personal, pero diferencias políticas", pero él
condenó a Lobo por asociación después que los diputados del PN votaron para
“blanquear el golpe".
¿Reforma constitucional?
Puede parecer la última
oportunidad para plantear la cuestión de una asamblea constituyente de nuevo en
Honduras, pero Lobo puede hacer una insinuación a Zelaya, EU y a la más amplia
comunidad internacional, promoviendo la reforma constitucional. A menudo se
olvida que Lobo abogaba por una asamblea constituyente antes del golpe -sólo en
sus propios términos. El necesitará trabajar en estrecha consulta con todas las
instituciones hondureñas, y con el respaldo de la Organización de Estados
Americanos (OEA), si es que quiere evitar el mismo destino de Zelaya, pero una
reforma constitucional podría ayudar a cerrar algunas heridas.
La constitución hondureña necesita definir más claramente la separación de
poderes entre las ramas ejecutiva, legislativa y judicial del gobierno. Aunque
ya deja en claro que el uso de la policía o de los militares para remover un
presidente de su cargo está prohibido, podría ser útil crear provisiones para
realizar un juicio político a un Presidente para destituirlo del cargo.
La OEA, que rehusó enviar observadores para monitorear las elecciones,
convocará a una sesión especial de su consejo permanente el 4 de diciembre, para
evaluar las elecciones y el voto en el congreso. La OEA debería también mirarse
al espejo a sí misma. Una cuestión que debería estar en la agenda es una urgente
reforma de la carta democrática de la OEA, para asegurar que la OEA tenga un rol
mucho más activo antes que los choques entre diferentes ramas de un gobierno
inicie una espiral y quede fuera de control.